En un par de días es el día de Nochebuena, preludio del día de Navidad, el día siguiente 25, término originario del latín que significa “nacimiento”. Esta fiesta que tiene una enorme carga histórica y que ha evolucionado en su largo peregrinaje desde siglos antes de la génesis del cristianismo. Lo que hoy celebramos como Navidad tiene, en el trópico dominicano, el dejo cristiano influido por mil tradiciones forjadas muy lejos de nuestro entorno caribeño. Para el criollo estas fiestas tienen una especial significación y no se limitan a diciembre: el árbol de Navidad y las luces de colores hay quien los instala en octubre, dando inicio a un periodo que ha de terminar pasada la Epifanía de los Reyes Magos. En “pacua” se pinta, se “limpia” la casa de atrás “pa’lante” para que la mala vibra se vaya a la calle y hay quien lo hace con una “jumera” que incluye incienso. La fiesta que los romanos celebraban, las Saturnales, dedicadas a Saturno, antiguo dios de la agricultura y al Sol Invictus (sol invencible) eran fiestas de la Roma tardía con influencia de Siria y Persia). Esta fiesta representaba la victoria de la luz sobre las tinieblas que en el 274 DC fue declarada Culto Oficial del Imperio, esto como símbolo de la unidad imperial y el poder invencible del emperador. Se marcaba el irregular del año agrícola y el renacer del Sol.
Como aprovechamiento estratégico en el Siglo IV el emperador Constantino en el 313 en el Edicto de Milán, lo oficializa y en el año 326 DC se establece el 25 de diciembre como la fecha de nacimiento de Cristo, aunque menciones de los Apóstoles hacen concluir que fue probablemente en abril u octubre. En la Biblia no se menciona esa fecha como tal, pero permitió presentar a Cristo como “verdadero sol” y puede trazarse un paralelismo en: la alegría colectiva, igualdad simbólica, banquetes, luces y velas y el intercambio de regalos. Fue una apropiación práctica de fechas con un cambio teológico del significado y fiestas rechazadas en lo moral pero absorbidas en lo festivo. Es en la Alemania medieval que el árbol con la Navidad cristiana pero el árbol, como elemento natural y símbolo de vida, fertilidad y renovación, tiene trascendencia desde mucho antes del propio cristianismo como elemento simbólico. Hoy alejado del sentido religioso y de materiales diversos naturales o sintéticos, sigue representando la Navidad, con luces led, pero siempre luz, con su fuerza y primacía sobre las tinieblas. La Navidad criolla, caracterizada por la alegría bulliciosa, el gasto excesivo para lamentar más tarde, la ensalada rusa (que nada tiene de ese país), los pasteles en hoja, con su influencia y el aporte de nuestros ancestros aborígenes, la carga africana y el aporte europeo, para terminar, siendo tradición. Lo completa el “puerco asao en puya” y el moro de guandule… ya casi ni aparecen el manicongo ni los lerenes.
