El 80 periodo de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas concluyó con el debate más esperado de los líderes que se dieron cita en la semana de alto nivel, desde el 23 al 27 de septiembre del 2025, en la que trascendieron hechos y declaraciones que colisionan con el lema de este año, “Juntos somos más fuertes: 80 años de paz, desarrollo y derechos humanos”.
Fue un cónclave plagado de críticas; discurso incendiario; la reimposición de sanciones a Irán por su programa nuclear; la inasistencia de líderes polémicos por motivaciones diversas; y de problemas técnicos que dificultaron la llegada del presidente estadounidense, Donald Trump, su esposa Melania y su equipo de seguridad.
Asimismo, la coicidencia en el abordaje de los problemas que ocasiona el cambio climático; la baja natalidad en países de Europa y los incentivos que se ofrecen para revertir esta realidad; así como la preocupación por los temas globales que devienen en conflictos entre países que alteran el clima de paz y la seguridad. Y es que este encuentro tuvo lugar en el marco de un escenario internacional complejo, en el que la polarización se hizo mucho más evidente, a propósito de los nuevos capítulos de los conflictos bélicos en curso que centralizan los intereses de las grandes potencias ahí presentes.
Por un lado, la extensión hacia otras fronteras limítrofes de la guerra ruso-ucraniana, por la denuncia de Polonia y Estonia de que aeronaves rusas vulneraron su espacio aéreo, y en contraste, la advertencia del ministro del Exterior ruso, Serguéi Lavrov, de que “cualquier agresión contra Rusia tendrá una respuesta contudente”.
El canciller ruso además expresó preocupación por el despliegue militar estadounidense en el Caribe, en alusión a Venezuela, un aliado estratégico desde el inicio del chavismo en 1999, refrendado en la compra de arsenal militar, luego que Estados Unidos le suspendiera las exportaciones de armas a partir de 2006 a la patria del libertador Simón Bolívar.
El contexto coincide con las elecciones legislativas de Moldavia, donde los proeuropeos llevan ventaja, lo que frenaría el interés de Putin de recuperar el poder perdido en antiguos territorios de la Unión Soviética, a pesar de sus supuestos intentos injerencistas.
Por otro lado, trascendió la algidez en torno al conflicto Israel-Palestina, en el que el monopolio de la información juega un rol importante, aunque lo que destacamos es el boicot a la presencia y el discurso del primer ministro sionista, Benjamín Netanyahu, que coincide con el auge de los países a favor de la creación o reconocimiento del Estado palestino, la hambruna en La Franja y el bloqueo a la ayuda humanitaria por parte del liderazgo político israelí.
Como se aprecia, organismos multilaterales como la ONU proyectan un declive, porque su incapacidad para gestionar con éxito situaciones geopolíticas que comprometen la estabilidad y la paz mundial. Los principios fundacionales no han logrado su cometido y las agendas de desarrollo quedan en simples discursos propositivos, con problemas que se plantean y cuyas soluciones se van posponiendo, entre otros que van surgiendo.
Por igual, las fallidas y cuestionadas misiones a países en conflicto, el manejo de los recursos, sacrificando el de aquellos de menor desarrollo y con los que en ocasiones difieren por asuntos políticos, crearon las condiciones para el surgimiento de bloques regionales e intercontinentales que funcionan como mecanismos alternos cobijados bajo una misma sombrilla ideológica y los temas que les son afines, los cuales vienen ganando fuerza y haciendo alianzas estratégicas, en tiempos donde adquiere una mayor importancia garantizar la seguridad alimentaria, la acumulación de materia prima para mantener el desarrollo industrial y económico, así como la capacidad armamentista.
A todo esto se suman los problemas reputacionales asociados con la defensa de sus intereses y decisiones, que en ocasiones se contraponen con la ética, los principios y tratados que le dieron origen.
En relación con los temas de interés nacional expuestos por el primer mandatario dominicano en dicha Asamblea, tomamos como referencia lo que acontece con el cambio climático, que difícilmente pueda lograr unidad de criterios e iniciativas conjuntas, porque cada país asume el tópico desde una perspectiva distinta, más aquellos que pugnan por controlar el comercio, la industria y la economía global.
En referencia a los problemas de Haití, es una cuestión que demanda de un mayor compromiso de los sectores nacionales, pues aunque desde siempre estamos a la expectativa de que la comunidad internacional asuma un mayor compromiso con el emprobrecido país, esta se limita a discursos vacíos e iniciativas que no logran su cometido y el estado actual de las cosas es la evidencia.
Debemos asumir con plena conciencia que no somos simples observadores de esta problemática. Como dominicanos, esta crisis nos afecta directamente porque compromete el desarrollo y la estabilidad de nuestra nación.
