Omar y Leonel, los Fernández, le han creado una situación difícil al Gobierno de la que tiene pocas posibilidades de salir airoso. El senador de la capital encabeza una demanda en favor de los trabajadores que ha generado un gran respaldo y colocado a la defensiva al Gobierno por el cobro de impuestos a salarios que deben estar exonerados.
Leonel se sumó a la causa en favor de los trabajadores que encabeza Omar con lo que fortaleció la estrategia a nivel de opinión pública.
El apagón del pasado martes, le dio a Leonel una oportunidad para reprochar al Gobierno y la aprovechó de manera oportuna, en tiempo y contexto. El punto de mayor fortaleza del expresidente en sus regaños al gobierno, fue que hizo saber a la población que el Metro tiene un mecanismo energético de respaldo para que no detenga sus operaciones en casos de fallas en el sistema eléctrico nacional.
Con sus estrategias de demandas y críticas, los Fernández le han dado agua de beber al Gobierno y tienen sudando la gota gorda a los estrategas políticos en busca de tácticas que les permitan enfrentar la presión que reciben de los verdes.
En esa situación, casi de indefensión del gobierno, entra Yayo Sanz, dirigente del PRM y de los presidenciables mejor posicionado. Yayo le plantó cara a Omar al encontrar una debilidad en las declaraciones del legislador sobre tocar los subsidios como mecanismo de compensación para indexar los salarios de los empleados.
El dirigente, aprovechó y llamó a un debate a Leonel sobre la gestión del presidente Abinader. Es poco probable que Leonel responda el reto, pero la estrategia de Yayo es buena en su intento de polemizar con la candidatura que enfrentará el PRM en 2028, cuando nadie en el partido oficial asume ese papel.
De las estrategias que dan mayor resultado a los dirigentes a lo interno de sus partidos, es sacar la cara ante la orfandad. Ese fue el éxito de Abel Martínez en el PLD.
En el PRM, pocos sacan la cara por el gobierno en momentos difíciles, sus funcionarios y prominentes dirigentes, están entretenidos con el glamur del poder, mientras el gobierno luce indefenso. Puede ser el chance de Yayo para heredar el luisismo para el 2028.
