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Cayetano Velázquez asaltó el cuartel de Neyba alzándose con armas y municiones en una acción descoordinada y desconectada de conspiración alguna. Santiago Rodríguez encabezó un movimiento para restaurar Santiago, La Vega, Puerto Plata, San Francisco de Macorís y La Línea. Las acciones en San José de las Matas, estuvieron a cargo de un Gregorio Luperón, joven puertoplateño aún desconocido unido a la causa. Es interesante saber que muchos de los fracasos de los rebeldes fueron frente a figuras dominicanas, entonces del lado de los españoles, que más tarde se pasaron al bando contrario: Fernando Valerio, en Guayubín; José María Checo, contra Luperón; José Antonio Hungría y el propio Gaspar Polanco, más tarde comandante en jefe de las tropas restauradoras. Un descontento generalizado, un ejército rebelde empoderado y las tropas regulares españolas desmotivados e involucradas en una guerra sin sentido para ellos, produjo resultados predecibles. Una ciudad tras otra se fue levantando en el Cibao y el triunfo de los dominicanos en La Canela (hoy Galván), en el sur, dio impulso a los rebeldes. Al final apenas Azua, Santo Domingo, Bani, Cayo Levantado, Montecristi y Puerto Plata seguían bajo control español. José Antonio Salcedo (Pepillo) se autoproclamó presidente en Santiago, con la oposición de muchos de los grupos rebeldes, pidió ayuda a los Estados Unidos que fue rechazada. Sus errores militares e indecisiones, hicieron que fuera asesinado por orden de Gaspar Polanco, cuando los españoles buscaban un acercamiento para un fin de guerra honorable. El gobierno haitiano, neutral al inicio, se sumó a la causa con su presidente, Fabre Geffrard a la cabeza. Trujillo designó la hoy Avenida Abraham Lincoln con su nombre, al inaugurarla. 2 brigadas de voluntarios venidos del exterior, se crearon a instancias de comerciantes españoles para respaldar las acciones bélicas del ejército regular. Pedro Santana y Familia, primer presidente constitucional dominicano, Libertador de la Patria, título que le otorgó el Congreso por su triunfo en la batalla de Las Carreras en 1849, contra el presidente haitiano Faustino Soulouque, quizás en su último acto en favor de la República, desobedeció órdenes de concentrar tropas defensivas alrededor de la capital. Acusado de traición y sometido a un tribunal en La Habana adonde nunca concurrió porque el 14 de junio del ‘64 falleció inesperadamente y algunos creen que se suicidó, para no enfrentar un juicio en el que habría resultado condenado y fusilado. La causa de la muerte aparece como “inflamación cerebral”. La impopular guerra había significado más de 10,000 muertos españoles, infinitas perdidas económicas y el ministro de Guerra español ordenó parar las acciones bélicas y el 3 de marzo del ‘65, Isabel II, firmó la anulación de la anexión. El 15 de julio, las tropas españolas derrotadas abandonaron la isla, por el puerto natural de Azua. Así nació la Segunda República .

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