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“La posmoralidad. Reflexiones éticas para la esperanza”, título de un libro escrito por el periodista y filósofo argentino Miguel Wiñazki. El libro es breve, solo tiene 156 páginas y su primera edición es del año 2017.

El autor cuestiona, comenta y fija posturas en torno a categorías éticas, con los ojos puestos en la realidad argentina, desde la cual aspira a poder generalizarlas.

Por ejemplo, ante la pregunta de que si los parámetros éticos son absolutos o relativos, comenta el famoso gol del futbolista Diego Armando Maradona conocido como “la mano de Dios”. Nos dice que “en ese gol se juega el gran dilema del relativismo moral”. Que dependerá de nuestra ubicación frente al dilema.

“Para Diego Maradona y para los argentinos en general fue el gol más transparente de la vida. Llegó del cielo para hacer justicia en la tierra. No fue trampa, sino una bendición deliberada desde el puño del astro para doblegar a los ingleses impíos y merecedores del castigo divino. Obviamente, para los ingleses había sido trampa, sin dudas ni discusión posible.

Ahí, para el autor, está planteado el dilema: ¿La ética es entonces relativa al punto de vista de quien juzgue? ¿Lo que es trampa para unos es justicia para los otros?

Este relativismo moral es parte de una discusión que empezó en Atenas, y que aún se mantiene en occidente, en el siglo V antes de Cristo, con los Sócrates y los Sofistas, recogidas en los diálogos platónicos.

Además, si es “relativa” es opinable (doxa) y por ende, se puede enseñar, no nace con el hombre. Y, sobre ella asumimos posturas que pueden cambiar, según cambien las circunstancias. Esta discusión, aún prosigue.

El autor, hace también una afirmación que podría aplicarse al derecho, o a las decisiones que los jueces toman de los procesos que conocen, y no sólo al deporte: Cuando los jueces se equivocan la ética sucumbe.

Entonces, ¿lo correcto es lo que deciden los jueces, aunque se equivoquen y, como lo decidieron los jueces, debemos asumir que es ético?

En otro punto, comenta sobre la intolerancia, y la construcción de un enemigo de parte de fascistas y populistas, en lo político, afirmando que: La fórmula es simple y letalmente efectiva: Se inventa primero una amenaza ficticia, y luego se afirma que esa amenaza está representada por un “enemigo interior” (…).
Finalmente, intoxicadas de miedo, las sociedades se lanzan a la matanza sistemática en las hogueras o a la expulsión de esos “otros” que conciben como monstruosos y efectivamente amenazante.

Al final, plantea que debe haber esperanza, porque sin esta no hay ética. Que hay que saber escuchar, para lograr empatía. Y que la ética debe darse por parte, de a poco, como gotas de lluvia, sin artificios, “sin pretensiones pontificales, ni eruditas, ni siquiera pedagógicas”.

Pero debemos saber mirar y escuchar. Y razonar sobre los hechos, no sobre la propaganda que “el antiperiodismo” quiere imponer.

Una ética mínima (Adela Cortina) es necesaria, para referirnos a los grandes temas, para vivir como seres humanos y no devorarnos los unos a los otros. Al final, no puede morir “la sublime terquedad de la esperanza” (Rodó).

Recomendamos este pequeño libro.

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