Leonel Fernández debe estar consciente que los dardos venenosos en su contra no van a parar.
En cualquier segmento de una sociedad quien tiene más méritos, con altos éxitos logrados, es a quien más hay que criticar.
En el plano político-electoral local, a Leonel se le sindica como “ya un dirigente que está para pensión”.
Así lo han escrito reputados analistas que en estos tiempos son conocidos como politólogos.
Pero Leonel, quien tiene 72 años de edad -sus 73 los cumple el próximo 26 de diciembre-, no les hace caso a esos “criticastros”. ¡Son voces agoreras que no tumban ni una mosca!
Son los mismos que nunca criticaron a Joaquín Balaguer cuando a sus 90 años -y ciego- fue candidato presidencial.
Balaguer, a quien bauticé como “El déspota moderno”, nunca dio visos de retirarse de la actividad política. Toda su vida fue un enamorado del poder.
Dentro de mi léxico, el siguiente es uno de los conceptos que más resalto: “Siempre dice más quien tiene menos que decir”. Sobre el doctor Fernández, sus detractores no bajarán la guardia.
Seguirán con sus duras críticas. Porque su gran objetivo es que Fernández, con incuestionable rango de estadista y afincado dentro de un ascendente arraigo de popularidad, no regrese a la Presidencia de la República.
Entre sus ácidos críticos, aunque son los menos, figuran veteranos periodistas, con una dilatada carrera profesional que no debe ser cuestionada. También están intelectuales y dirigentes políticos de reconocida trayectoria.
Esa clase de personajes, que vive arropada por la envidia y la maledicencia, siempre actuará de esa manera, con una actitud de claro comportamiento de sesgo la cual daña su propia reputación en el marco del análisis político.
Mientras avanza el proceso preelectoral dominicano, Leonel continúa -sin pausas- con un bien diseñado proyecto presidencial.
Será el implacable tiempo el que determinará si el líder de la Fuerza del Pueblo saldrá airoso en su nuevo reto político.
¡Y parece que va, en positivo, por ese camino!
