Hay gente que cree que la vida es una suma de éxitos y alegrías y que lo contrario -fracasar, caerse o no siempre ganar- no es vida sino calvario o mala suerte. Por supuesto, obvian que la vida en sociedad y espiritualidad es una construcción: es decir, vamos logrando metas, pero a la vez tropezando y aprendiendo en el camino.
Por ello, estoy convencido de que todo lo que nos pasa, bueno o “malo”, es porque ambas cosas -procesos o eventos- las podemos asumir con coraje, humildad; o peor, con lamentaciones, furia o amargura permanente cuando si hay fe y voluntad todo es posible y superable. En fin, estoy convencido de que nada llega a nuestras vidas si, de alguna forma, consciente o no, estábamos destinados a vivirlo (que conste: no soy un determinista a ciegas; más bien, creo que todo se construye).
Y como estoy convencido de lo anterior, asumo los éxitos, fracasos o la alegría como estadios perfectamente posibles, y así lo vivo, lo disfruto o lo enfrento.
Lo que no se vale es hacerle daño a nadie, lograr “éxitos” por medios no decorosos, o sentir envidia por la suerte o éxito del otro. O peor, no tender una mano al que necesita ayuda y uno sabe que está haciendo un esfuerzo por alcanzar una meta personal o altruista.
Entonces, saquemos de nuestra mente que la vida es solo un camino de gozo y alegría, pues no lo es: primero, porque aunque alguien te lo quiera dar todo -generalmente nuestros padres- no será suficiente para tú saberlo administrar y saberlo cuidar; y aún así no estamos exento que, en el camino, por malas decisiones o malas elecciones nos perdamos o extraviemos.
Finalmente, solo hay tres cosas que te pueden hacer una persona de “éxito” y feliz -prefiero esto último-: tener fe, educarte, pero, sobre todo, que no siempre el camino fácil es el que suele traer paz, amor y comunión con lo divino. Por ello, aprendamos a vivir en armonía sin ambiciones desmedidas ni espíritu de pobreza material así vivamos en un castillo o una choza. Ah, y no te olvides que nadie es eterno y que no te llevará nada a la tumba. Ya lo escribió el poeta Machado y lo cantó Serrat “todo pasa y todo queda…”. Por ello, no nos preocupemos tanto por el fracaso, sino por siempre sabernos levantar y saber que nada es eterno. ¡Así de sencillo!
