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El próximo domingo se celebrarán elecciones presidenciales en Colombia en las que según todos los pronósticos no resultará ganador ninguno de los siete candidatos en primera vuelta, para lo que la constitución colombiana al igual que la nuestra exige obtener la mitad más uno de los votos, y se espera habrá de celebrarse una segunda vuelta el domingo 19 de junio.

Estas elecciones se están celebrando algo más de dos meses después de las legislativas, y el proceso electoral ha estado marcado por un sinnúmero de hechos que han resucitado el fantasma del fraude en dicho país y generado dudas sobre la transparencia de sus autoridades electorales, luego de los problemas suscitados con el conteo de los votos de los senadores debido a que en los cómputos preliminares anunciados la coalición de izquierda identificó que no se habían contabilizado más de 400.00 votos, que luego sí se reflejaron en el escrutinio oficial, lo que a su vez provocó denuncias y propuestas de reconteo de votos, lo que finalmente no sucedió en gran medida porque la normativa no lo contempla, pero dejó sembrada la duda.

Esa misma coalición según la mayoría de las encuestas tiene la delantera en intención de votos y esto de por sí explica la notoriedad de este proceso pues podría implicar un giro en este país que ha estado gobernado por los partidos de derecha o de centro en las últimas décadas, y que como todos sabemos ha vivido etapas de violencia extrema, guerrillas, narcotráfico, que a pesar del tratado de paz suscrito hace más de cinco años siguen dividiendo la sociedad.

Parte de los cuestionamientos en el proceso electoral colombiano tienen que ver con la empresa española INDRA que suplió el programa informático utilizado por lo acontecido con el conteo de los senadores y por supuestas cercanías de directivos de esta con el candidato puntero, empresa que en nuestro país es de ingrata recordación pues proveyó los equipos electrónicos para las elecciones generales de 2016 que según se alegó tuvieron fallas que alteraron el conteo electrónico, lo que no generó consecuencias mayores porque el ex presidente de Colombia Andrés Pastrana, que lideró la misión observadora de la OEA, medió para lograr días antes de las elecciones que el conteo fuera también manual, quien precisamente ha sido de los principales críticos de la participación de INDRA en las actuales elecciones colombianas.

A pesar de las diferencias entre los candidatos presidenciales y las denuncias que ha habido hasta de atentados y suspensión de las elecciones, estos participaron en un debate a cinco días de celebrarse las elecciones en el que el ex alcalde de Bogotá y destituido de dicho cargo, Gustavo Petro, y los ex alcaldes de Medellín Federico Gutiérrez (Fico) y Sergio Fajardo, ventilaron sus propuestas, y en el que curiosamente uno de los candidatos que según las encuestas podría estar en los primeros tres lugares de la preferencia electoral, Rodolfo Hernández, candidato sorpresa que algunos han bautizado como el “Trump” colombiano, decidió no asistir a último momento, lo que naturalmente fue aprovechado por sus contendientes.

Todo lo que está aconteciendo en el proceso electoral colombiano nos debe recordar la importancia de reformar las leyes de régimen electoral y de partidos políticos para que las elecciones del año 2024, que probablemente generarán grandes apasionamientos como desde ya vislumbra una prematura lucha electoral, cuenten con herramientas eficaces para su regulación y control, que fortalezcan la institucionalidad y transparencia del proceso.

Ojalá que Colombia culmine un proceso electoral cuyos resultados sean reconocidos sin mayores cuestionamientos y que quien sea el ganador siga asegurando que el riesgo en Colombia sea quedarse en ese hermoso país, como decía la exitosa campaña que marcó su reapertura al mundo.

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