Monumento memorial al poblador originario

La conquista y colonización de América empezaron por la isla de Santo Domingo, diezmó la población originaria sin dejar uno vivo ni descendencia en el Caribe y en el continente fueron reducidos y segregados en reservaciones o áreas excluidas.
Al regresar Colón de su segundo viaje, marchó al frente de una fuerza de doscientos infantes y veinte jinetes en persecución de los pobladores originarios de La Isabela, que ante los abusos de los españoles se revelaron. Con los españoles iban veinte sabuesos, animales enormes y salvajes, entrenados para hacer frente a osos y jabalíes en los bosques de la Europa Central; a diez leguas de La Isabela, cruzando montañas, un poco más de 48 kilómetros, los españoles se enfrentaron con las huestes originarios. Se ha situado esa batalla en La Isabela, pero realmente fue en Santo Cerro (“Historia de la Trata de Negros” Mannix & Cowley. Alianza Editorial, Madrid. 1970, pág. 16)
«Los conocimientos bélicos de guerra de los indios eran infantiles. Unos arrojaban desordenadamente piedras, otros corrían hacia los soldados golpeándoles débilmente con palos o tratando de hacer penetrar sus lanzas de caña en las armaduras españolas. Descargas de arcabuces y ballestas se abatió sobre la multitud; los desnudos indios se arrastraban por el suelo; luego les soltaron los perros y los jinetes se lanzaron contra ellos. Lo que siguió fue una auténtica matanza que no cesó hasta que los caballos agotados empezaron a flaquear. Los sobrevivientes fueron luego cazados por los sabuesos y puestos a trabajar en las minas. Muchos murieron a los pocos días, totalmente incapaces de soportar el cautiverio» (Ídem).

Procede contrastar la batalla del Santo Cerró con el Sermón de fray Antón de Montesinos, el domingo de adviento en 1511, según versión de fray Bartolomé de las Casas:
« ¿Estos no son hombres? ¿Con estos no se deben guardar y cumplir los preceptos de caridad y de justicia? ¿Estos no tenían sus tierras propias y sus señores y señoríos? ¿Estos han ofendido en algo? ¿La ley de Cristo no somos obligados a predicársela y trabajar con toda diligencia de convertirlos? Todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes».

En honor a Fray Antón de Montesinos el presidente mexicano José López Portillo donó en 1982 la estatua que está de pie frente al Mar Caribe, en la desembocadura del rio Ozama. La estatua de Montesinos con el brazo izquierdo levantado y acercando su mano derecha a su mejilla del mismo lado simula su sermón de adviento para toda América.

Como puede apreciarse, la Orden de los dominicos predicaron “la ley de Cristo” y resulta inaceptable que la virgen de Las Mercedes contrariara la prédica cristiana.

La batalla desigual de los españoles con los originarios no fue en La Isabela, sino en Santo Cerró; allí la Iglesia católica debe favorecer que se levante un Monumento Memorial a los pobladores originarios de esta isla, del Caribe y del Continente.

En siglos surgieron naciones convertidas en Estados independientes dejando excluidos los originarios por ser diezmados o viven en reservaciones o en hábitat aislados.

El Estado dominicano debe comprometerse, a propósito del día de Las Mercedes, a apoyar a la Iglesia católica a levantar el Monumento Memorial. Se recoge en la historia de America como el primer reclamo del derecho natural.

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