Los 391 km de frontera con Haití constituyen la línea divisoria de dos naciones de culturas, idiomas, idiosincrasia, orígenes y creencias religiosas distintas, aunque su biodiversidad es propia de un mismo trópico y localización geográfica antillana, al compartir la misma isla. Separa dos países y dos realidades.
Cinco provincias dominicanas hacen frontera con Haití: Montecristi, Dajabón, Elías Piña, Independencia y Pedernales. Al mismo tiempo cinco Departamentos haitianos comparten esa frontera. 6.53 millones de haitianos viven en esos cinco Departamentos y de ellos, entre 500 y 600,000 mil en la franja fronteriza.
Son 342,000 los dominicanos que componen la población de las cinco provincias fronterizas y de estos se entiende que 180,000, viven, en una franja de 10 km. Son 311 los “mojones”, como se llaman esos hitos permanentes que delimitan términos y fronteras, que definen esa línea porosa y vulnerable, con algunos faltantes. El No. 1 ubicado en Montecristi y el 311 en Pedernales, tal y como se definió en 1929 por el Tratado de Paz y Arbitraje, modificado por el Tratado de 1936, para corregir errores. Jurídicamente definida la frontera, existen enormes retos aun con los sistemas modernos de georeferencias, siendo una zona muy compleja, de realidades socio económicas particulares, agravadas por la situación del Estado haitiano con poder sumamente limitado y prácticamente sin interlocutores, y la existencia creciente de pandillas que controlan una buena parte del territorio de ese país, que someten a su ciudadanía a espeluznantes condiciones de vida diaria. Existen cinco puntos oficiales de acceso fronterizo que son: Dajabón-Ouanaminthe, Elías Piña-Belladere, Jimaní-Malpasse, Pedernales- Anse-à-Pitres y Manzanillo (Montecristi), con poca infraestructura, pero con vigilancia. Según fuentes, existen 96 puntos identificados para cruces clandestinos y otros señalan que pasa de 200 el número de esos puntos irregulares de paso.
El problema mayor es la migración irregular, robos, contrabando, paso de armas y drogas y trata de personas con complicidad de dominicanos, ahora con casos que se conocen y con una nueva ley que endurece las penas a ese trafico humano. La frontera está marcada por una serie de cordilleras, valles, y mesetas y su relieve accidentado dificulta el acceso, lo que provoca aislamientos, y se destaca la degradación del lado haitiano. El Gobierno dominicano proyecta construir 164 km de una verja en concreto, bloques y malla ciclónica, dentro de territorio criollo, con caminos adjuntos para su conservación y vigilancia, En su primera etapa tiene 54 kms y se inicia una segunda etapa de 10. El proyecto incluye torres de vigilancia, cámaras de seguridad y sensores de movimiento, drones para patrullaje aéreo, centros de monitoreo inteligente, puertas reguladas para el paso de personas y del comercio. Difícil realidad que obliga a la soberanía.
