La política -reitero esta máxima- “es la ciencia de lo posible”. Y le adhiero: “Quienes no asimilen la política como ciencia, tendrán asegurado su fracaso en cualquier circunstancia”.
Las referidas líneas -y que no se filtren necias especulaciones- no van dirigidas a Omar Fernández quien es un potencial inquilino del Palacio Nacional… ¡aunque todavía no sea su tiempo!
Citemos lo que se publicó hace unos meses respecto a la nueva generación de dirigentes políticos locales que trillan positivos caminos e incluso con serias perspectivas hacia la gobernanza del país.
Aquí está: “Una medición, realizada de manera 100% presencial y con una muestra de 1,200 personas levantada entre el 23 y el 26 de enero del 2026, refleja una clara inclinación hacia un relevo generacional dentro de la organización opositora”.
El documento se refiere al partido Fuerza del Pueblo (FP) del cual es dirigente Omar Fernández con el claro liderazgo de su papá, el doctor Leonel Fernández.
Según el informe (de encuesta) se precisa que “los datos colocan a Omar Fernández como la principal figura emergente del partido FP consolidando su posicionamiento político de cara al próximo ciclo electoral.”
Dentro y fuera de la FP se habla -aunque públicamente no dan a conocer esa opinión- de que Leonel Fernández, tras la popularidad de Omar, “debe abdicar a su aspiración presidencial y pasarle la antorcha a su hijo”.
Pero, ¡qué irrespeto al líder!, dirían los más sabios de la política vernácula que también incluye a experimentados politólogos y a miembros de la cúpula de la FP.
Como se publicó recientemente, otros sectores de la población consideran que “Leonel Fernández aún tiene la experiencia y el liderazgo para volver a ser Presidente de la República”.
Pero para concretar ese gran anhelo, debe ser el candidato presidencial de la FP en la consulta comicial que tendremos dentro de dos años.
Ante la realidad política-electoral y que atañe a la FP, ¿cuál debe ser la posición oficial de Omar Fernández y que no permita la especulación periodística?
Omar debe, pero ya, definir su perspectiva electoral…llamar a la prensa nacional y precisar si va o no va. Si aspira o no a ser el candidato nominado por la FP.
O si -de manera clara y categórica- decide proclamar: “Es mi padre quien debe ser el candidato presidencial para las elecciones del 2028”.
Si así lo hace -sería la posición más inteligente, realista y acorde con un objetivo pensamiento político- entonces dejaría atrás su disyuntiva electoral.
No obstante, y sin caer en argumentos innecesarios, ¡dejemos que hable el tiempo, el mejor testigo de la historia!
