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Los crímenes, encarcelamientos y deportaciones que se registraron durante el salvaje gobierno de Joaquín Balaguer (que marcaron los fatídicos 12 años, 1966-1978) son incontables y nos llena de mucha nostalgia recordarlos.

Su duro régimen impuso el “estado de sitio” que significaba que no había espacio para que principalmente jóvenes tuvieran paz, sosiego y la tranquilidad que norman a una sociedad en democracia.

Policías, guardias y miembros de la terrorista “Banda Colorá” vigilaban celosamente las calles del país para hacer cumplir esa disposición emanada del Palacio Nacional.

Fueron miles los crímenes cometidos contra dirigentes políticos, especialmente de izquierda, así como de organizaciones estudiantiles, obreras y campesinas. También asesinaron a jóvenes indefensos, que no tenían militancia política, pero que no comulgaban con la gobernanza balaguerista.

A propósito de la actitud tiránica y violadora de los ideales democráticos y las libertades públicas, que figura en la historia política de Balaguer quien nunca quiso conciliar, sentarse en la mesa del diálogo con sus adversarios políticos y frenar el baño de sangre que marcó su administración de los 12 años, cito la siguiente frase que nos dejó Albert Camus, afamado escritor, periodista y dramaturgo francés: “Si el hombre fracasa en conciliar la justicia y la libertad, fracasa en todo”. Para Balaguer, apoyado por sus secuaces y adulones, la violencia de Estado era su principal arma para neutraliza a la posición.

Otra prueba de que nunca creyó en el diálogo ni en la conciliación, tampoco en el sentimiento humano; se lee en lo que publicó la prensa tras cumplirse el primer aniversario del fusilamiento del coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, ocurrido el 14 de febrero de 1974.

El padre del coronel Caamaño Deñó, general (r) Fausto Caamaño, le solicitó a Balaguer que le entregara los restos de su hijo. Pero la solicitud le fue denegada por el presidente cínico y déspota.

Caamaño Deñó regresó al país en febrero de 1973 con un grupo de compañeros con miras a devolverle a la patria un estado democrático (auténtico), pero fracasó.

Balaguer, quien en lo legal nunca ganó unas elecciones -siempre se las robaba porque tenía la protección de gorilas militares y de los sectores más rancios y recalcitrantes del país-, logró concretar sus proyectos políticos… ¡para hacerlos realidad no tenía reparo y tampoco le importaba que la sangre del pueblo corriera por doquier.

Aunque al cumplirse 20 años del fallecimiento de Balaguer se hayan publicado opiniones en defensa de sus gobiernos, la historia -que nunca miente- se encarga de desvelar toda la verdad.

Continuará…

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