¿Qué pasa con el dinero cuando dejamos de cotizar para una pensión?

Superintendencia de Pensiones

Una de las cifras que más llama la atención al analizar el Sistema Dominicano de Pensiones es que solo el 50% de los afiliados cotizó recurrentemente durante el año 2025, cifra que coincide con la tasa de informalidad laboral en la República Dominicana y la densidad de cotización que se sitúa en un 49.8%. Esto no significa que los afiliados perderían sus ahorros o sus derechos previsionales, pero sí corren el riesgo de no acumular lo necesario para cubrir su jubilación.

Es importante entender que ahorrando a través de una Administradora de Fondos de Pensiones (AFP) dejar de cotizar no significa que se pierda el dinero acumulado. Los recursos depositados siempre serán propiedad del trabajador. Estos recursos permanecen invertidos generando rentabilidad mientras permanezcan en la cuenta del afiliado. Cuando el afiliado cumple las condiciones establecidas por la ley para acceder a una pensión o a la devolución de sus fondos, esos recursos están disponibles para él o para sus beneficiarios, según corresponda.

Entonces, si el dinero no desaparece, ¿qué implicaciones tiene que casi la mitad de los afiliados no hayan realizado al menos una cotización en el último año?

La respuesta a esta pregunta se refiere al comportamiento del mercado laboral en el país y tiene menos responsabilidad en el sistema de pensiones. Las cotizaciones dependen de que las personas permanezcan trabajando en empleos formales. Esta realidad puede compararse con los datos publicados por el Banco Central Dominicano, donde se indica que la informalidad laboral se sitúa alrededor del 48% de la fuerza trabajadora.

Ese grupo de afiliados que no cotizó en el 2025, concentra alrededor del 24 % del patrimonio acumulado en las cuentas de capitalización individual. La mayor parte del ahorro previsional pertenece a trabajadores que continúan cotizando de manera continua.

Más de medio millón de afiliados posee un saldo promedio cercano a los RD$4,000, y ninguno supera los RD$10,000. Muy probablemente se trata de personas que tuvieron una vinculación muy breve con el empleo formal o realizaron apenas unas pocas cotizaciones antes de salir del sistema contributivo; aún así sus cuentas han crecido por el rendimiento generado por las inversiones.

Otro punto importante por destacar es que la probabilidad de dejar de cotizar aumenta con la edad. Mientras entre los afiliados más jóvenes la proporción de no aportantes es considerablemente menor, este porcentaje crece de manera sostenida conforme avanza la edad. Este comportamiento podría reflejar las mayores dificultades que enfrentan los trabajadores de mayor edad para mantenerse o reincorporarse al empleo formal, así como la transición hacia actividades laborales independientes o períodos prolongados de inactividad laboral.

Todo esto lleva a una conclusión importante: el verdadero costo de dejar de cotizar no es perder el ahorro acumulado, sino dejar de construir el ahorro futuro. Cada mes sin aportes representa una oportunidad menos para incrementar el capital que financiará su pensión al momento del retiro. Aunque el dinero ya acumulado continúa generando rendimientos, el crecimiento del patrimonio previsional depende, en gran medida, de la continuidad de las cotizaciones a lo largo de la vida laboral. Asimismo, el cese o interrupción de las cotizaciones es un factor determinante para garantizar pensiones que duren por el resto de la vida del afiliado.

Finalmente, la discusión sobre los afiliados que hoy no cotizan debe ir más allá de lo que los datos agregados nos puedan decir. No se trata de recursos perdidos ni de cuentas abandonadas; se trata de personas cuyas historias laborales fueron interrumpidas y que, mientras no retomen las cotizaciones (obligatorias o voluntarias), estarán limitando la capacidad de construir una mejor pensión para el futuro.

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