¿Quién mató a quién?

Un reciente artículo-título -fragmento de un poema, bulo o remembranza rosa, anónimo o de algún autor omitido- del escritor nicaragüense Sergio Ramírez -exguerrillero y mejor novelista-, me puso a pensar que la farándula -el otrora negocio de evasión-entretenimiento sobre pleitos, chismes, frivolidades, excentricidades y extravagancias de imagen-producto (artistas o figuras de renombres rehechos) para consumo masivo-desechable- murió, mudó o, simplemente, trasmutó hacia las redes sociales; y allí, tomó otro derrotero de difícil atajo.... Ya las revistas de farándulas o “celebridades” del mundo del “arte” que todos conocimos -cuidadosamente diseñadas e ilustradas con fotografías clamorosas, insinuantes o ingenuas- cuasi desaparecieron, y ahora sin nombre, o anónimo, pululan por las redes sociales bajo el ingenio de editores de entretención a paga por un sinnúmero de like o visitas; y ni se diga de series sobre violencia, narcos, sexo o intrigas políticas. Todo un teatro virtual (¿o adicción-realismo?) del que casi nadie escapa o es indiferente por más que diga que no se asoma a la manipulación del periódico -¿…?- de más tirada o lectoría: las redes sociales.

Quizás, para entender el fenómeno mejor, habría que leer a Vargas Llosa: “La civilización del espectáculo”. Pero, allá usted sí cree todo, se deja seducir o repite, como papagayo, las chatarras -mentiras- que allí se vierten o circulan cuál transeúnte sin rostro ni señas de identidad que igual difama, hace famoso, informa o desinforma en un clic, y alimenta el morbo u ocio de muchos....
Así, y lo escribe el célebre escritor, en ese mundo virtual han circulado textos, cartas-despedidas y poemas apócrifos dizque de Borges, Cervantes, García Márquez, Saramago, entre otros; y lo peor: que no hay forma de desmentirlos o llevarlos a algún tribunal por plagio o engaño que, curiosamente, jamás cometieron. Así es el mercado hoy día: se suelta un embuste-bulo -de cualquier índole- y si una cantidad equis de pervertidos lo consumen y propalan; entonces, algunas cuentas engordan. Así, de rentable, es el negocio.

De suerte que hoy la fama o el descrédito, te llega así: basta que algún hijo de su madre -anónimo-pervertido- eche andar, en las redes, lo que se le venga en ganas y si gusta a la gente, sobre todo ociosas, retorcidas, frustradas o sádicas; usted se jodió o, por lo menos, se hace famoso y, si la suerte es mucha, quién quita, hasta célebre. A ese despeñadero o mentidero virtual están expuestos, hoy, políticos, empresarios, artistas, figuras públicas; o el simple ciudadano de a pie. Porque nadie escapa a la maledicencia, la envidia o la difamación gratuita o, planificada.

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