Relación peligrosa: dinero y política

El periodista chileno Daniel Matamala, magíster de la Universidad de Columbia cita en su libro “Poderoso caballero, el peso del dinero en la política chilena”, que “hay que cerrar las puertas al poder del dinero en la política”.

Esta cita nos lleva a reflexionar sobre la compleja situación que se apodera del quehacer político en países de América Latina, práctica de la que no escapa República Dominicana.

Las campañas electorales son cada vez más caras y la mayor parte de este costo recae sobre el Estado y sus instituciones, acción que ha sido recurrente en el país, por los diferentes partidos de turno.

Del otro lado están las fuertes inversiones que hacen empresarios o personas que habiendo adquirido fortunas, algunas de dudosa reputación, consideran que es el momento de adquirir poder político, sin importar qué tan costoso resulte ese antojo.
El rol del dinero debería limitarse a una simple cuestión de financiación, pero no es así. La realidad es otra.

“El juego estratégico de los políticos, en un universo de escasez y debilidad política de los ciudadanos más vulnerables, determina una red de relaciones clientelistas”, señala en su análisis “Dinero y política”, Jean Cartier Bresson.

Ante las recientes noticias de que el diputado Miguel Gutiérrez, deberá enfrentar cargos por narcotráfico en una corte de Estados Unidos si así se demuestra, surgen las inquietudes de quienes aspiramos que al ejercicio político lleguen los ciudadanos que cuenten con el aval moral, por encima del aval económico.

Pero por el otro lado está el pueblo, que ve como bueno y válido que cada cuatro años llegue el período de “zafra”, llamado elecciones, porque el clientelismo político está en su máxima expresión.

De repente, ya no importan las reuniones políticas con candidatos para hablar de propuestas, lo más importante es saber qué favores podremos obtener si gana la curul ese candidato o candidata.

La nueva política deberá encargarse de enterrar a esos candidatos que habiendo llegado al ejercicio político sin nada más que ofrecer, solamente por el dinero, le han cerrado el paso a otros que sí tienen una hoja de servicio y entrega a favor de las mejoras causas y el bienestar común.

Es hora de que a la política dominicana lleguen los hombres y mujeres que representan los verdaderos intereses de la mayoría, esos que no pueden invertir 30 millones de pesos por una diputación, ya que de manera honrada no hay manera de retorno de esa “inversión”.

A propósito de que el pueblo dominicano despertó, esperamos que siga con los ojos abiertos para cuando nos toque volver a escoger a nuestros legisladores, sepamos hacerlo, convencidos de que nos merecemos diputados y senadores que sean capaces de decir no al barrilito, que asuman las causas por convicción propia y no por representar intereses mayores o en su defecto por qué deben devolver el favor a quienes invirtieron comprando la posición para ellos.

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