Alguien recientemente le preguntó a un señor de casi 80 años si se había arrepentido de algunos de sus actos del pasado de forma especial, a lo que él respondió… ¡De muchas cosas! La segunda pregunta fue ¿Y qué ha hecho al respecto? ¿Ha tenido que pedir perdón? Él dijo, más que pedir perdón, he dado un giro visible en mis relaciones, los hechos no sugieren un cambio de actitud, lo demuestran. La comodidad es eso que se interpone entre tus convicciones y tus decisiones. La gente coherente “demuestra” en todos los campos de acción lo que piensa, defiende y además protege sus valores, sus relaciones, sus creencias, a los que aman, y definitivamente su fe. Nada es tan parecido a un sofá tibio como una vida que no defiende aquello que dice importarle. No te acomodes, juégatela.
