El presidente Abinader ofreció un discurso de 2 horas y 45 minutos, cargado de datos sobre pasado, presente y planes futuros. Más allá de su extensión, constituye una oportunidad para periodistas y opositores de analizar cada afirmación, verificar obras anunciadas y distinguir entre logros reales y simples promesas. Criticar desde un micrófono es fácil; lo difícil es investigar con rigor. Mientras no existan pruebas que desmientan lo dicho, corresponde dar por válido el informe. El país necesita una oposición seria, capaz de fiscalizar con hechos y no solo con palabras. Ese ejercicio fortalecería la democracia y permitiría al pueblo conocer la verdad detrás de cada discurso presidencial.
