El lenguaje no debe convertirse en un instrumento para disimular la realidad. En nuestra sociedad, cada vez se utilizan más expresiones que pretenden suavizar situaciones que merecen ser llamadas por su nombre. Al enfermo que acude al médico se le llama usuario o cliente, aunque un cliente no necesariamente es un paciente. También se sustituyen palabras directas por términos considerados socialmente aceptables, como si cambiar el nombre modificara la naturaleza de las cosas. Una irregularidad puede esconder un fraude, una lucha de intereses puede encubrir corrupción y una amistad puede convertirse en complicidad.
