La “nueva América”, según Trump, opera como una monarquía donde él es el rey del hemisferio, acompañado del virrey Marco Rubio, y los presidentes actúan como gobernadores, simples símbolos de escudos geopolíticos. Esta narrativa obliga a que América Latina busque certezas económicas en tiempos de polarización por el control mundial entre Estados Unidos y China. Con esto, termina la época de golpes de Estado y de las maquinaciones de la CIA. La disputa por el poder se ha vuelto más difusa, más económica e intensa. El reto es recuperar la conversación democrática sin caer en la tentación de los relatos absolutos. Porque cuando la política se convierte en mito, la ciudadanía se pierde.
