Trump: ¿un tripartidismo atípico?

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El juicio político al expresidente Donald Trump, bien podría llevar el título del último libro de Giovani Sartori (politólogo-sociólogo italiano -1924-1917-): “La carrera hacia ninguna parte” un compendio de preguntas y reflexiones tentativas sobre una serie de temas de palpitante actualidad tales como la crisis política global actual (escasez de liderazgos democráticos universales y locales), los límites entre libertad y dictadura, choque de civilizaciones Islam versus Cristianismo, el sistema electoral perfecto (a propósito, inferimos nosotros, el obsoleto y cuestionado sistema electoral norteamericano), el fenómeno global migratorio, entre otros. Pues más allá del aireamiento político-mediático del juicio, que no deja de tener lógica-política, aunque poco viable -necesitaría que 17 improbables senadores republicanos quieran hacerse un harakiri-, nos pone a pensar si en los Estados Unidos no se estará gestando otro momento de inflexión política-ideológica como sucedió en 1824 -división del partido Demócrata-Republicano- y 1854 (surgimiento del partido Republicano); aunque tal evento, ahora, tendría otras connotaciones y especificidades sociopolíticas.

Algo de historia

El bipartidismo -republicano-demócrata- (que antes fue federalistas versus partido Demócrata-Republicano) tiene raíces históricas-ideológicas en los Estados Unidos; y tal fenómeno, sociopolítico-electoral, no ha sido óbice para no considerar la democracia norteamericana como estandarte occidental de democracia liberal-capitalista cimentada en un sistema judicial independiente y de garantías plenas de libertades públicas y de prensa que, curiosamente, plataformas de redes sociales y medios -Facebook-Twitter-Medios-tv- silenciaron o censuraron, por las razones que fueran, a un presidente en ejercicio. Sin embargo, y obviando la censura, podríamos otear, que, con el fenómeno sociopolítico-electoral Trump, se esté incubando, en el mismo bipartidismo, una suerte de tercera vía o tripartidismo sin que, necesariamente, surja, de siglas, un nuevo partido político lidereado por Donald Trump. Y ese partido mayoritario, dentro del partido republicano, ya está, de alguna forma, latente en los casi 75 millones de ciudadanos estadounidenses que votaron por Trump que, asombrosamente, sacó más votos en 2020 -8 millones más- que en el 2016.

La incógnita

Otros indicios de que estamos frente a una posible inflexión histórica-política en los Estados Unidos es que: a) no pocos republicanos, a pesar de los esfuerzos, sutil, del establishment que controla el partido republicano de desembarazarse de Trump, incluido rejuego-político de Mitch McConnell, han entendido que, el expresidente, a su manera, ejerce un liderazgo, nada despreciable, que conecta ideológicamente con un gran nicho de votantes ultraconservadores-antinmigrantes, marginados y de supremacistas-anti-sistema que, incluso, se habían auto-ausentado de las urnas; y b) que, por múltiples razones -políticas y del propio carácter confrontacional del liderazgo de Trump- se romperá la tradición política-cultural de un expresidente de presencia protocolar-episódica como ha sido norma en la sociedad norteamericana.

Lógicamente, un tripartidismo, aun atípico, queda como hipótesis.

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