Un verdadero Defensor del Pueblo

Todo parece indicar que la escogencia del nuevo Defensor del Pueblo será una batalla no tan fácil de ganar, en el entendido de que quienes tienen la misión de cumplir con este proceso en favor de los dominicanos han hecho algunas declaraciones que han generado confusión, en lugar de agregarle confianza y seguridad al proceso que esperamos que culmine en los próximos días.
El diputado Alfredo Pacheco, presidente de la Cámara de Diputados, aseguró que las calificaciones que sacaron los aspirantes, luego de las entrevistas a las que fueron sometidos como parte del proceso evaluativo, son solo una referencia para los legisladores y que ellos no están en la obligación de presentar las ternas basadas en las mismas.

Información que de inmediato provocó grandes críticas al proceso que se lleva a cabo en favor de que tengamos por fin, un nuevo Defensor del Pueblo, que sería la segunda escogencia, luego de que en 2001 se introdujera esta figura mediante la Ley No. 19-01.

Debimos esperar más de 10 años para tener la primera Defensora del Pueblo, asumiendo Zoila Martínez, esta posición que busca sobre manera primordial proteger los derechos fundamentales de los dominicanos. Las declaraciones del presidente de los diputados no han sido muy alentadoras para quienes confiamos en que el gobierno del cambio, traería nuevas formas de gobernar y con ello, de gestionar el Estado, lejos de la mala práctica que nos ha llevado a lo que somos.

Hoy más que nunca necesitamos un Defensor del Pueblo capaz de velar por el cumplimiento y la aplicación de los derechos fundamentales de la persona y vigilar la legalidad de los actos de la administración pública y de las instituciones de carácter privado o mixto que prestan servicios públicos.

Y no es que con Zoila Martínez no hayamos tenido una buena experiencia, dentro de las posibilidades que ella tuvo como pionera en esta posición, hizo lo que pudo, pero de cara a lo que necesitamos como país, urge que el nuevo Defensor del Pueblo sea escogido bajo los lineamientos que estipula la misma ley que le da razón de ser y no que sea por acuerdos políticos de aposento que al final darán un resultado negativo más que positivo para quien ocupe el lugar, bajo esta premisa.

Es mucho lo que se puede hacer desde esta institución para continuar el trabajo que inició la veterana abogada Martínez, sobre todo con autonomía de gestión, sin que “bajarle raya o línea”, sea parte del nuevo protocolo que ha de seguir el “ungido”. El origen del Defensor del Pueblo se remonta al Ombudsman sueco, país donde se introdujo hace dos siglos, en el año 1809. Fue en la segunda mitad del pasado siglo XX, que esta figura se instituyó por toda Europa y en muchos países de América Latina y el Caribe.

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