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La movilidad ocupa cada vez más espacio en las conversaciones de los residentes del país. Sobre todo en las zonas urbanas, las discusiones van desde el uso de bicicletas hasta los tapones y el servicio de transporte público.

En lo único que todas las personas coinciden es en que urge una solución definitiva. La buena noticia, es que desde 2017 la República Dominicana está dando pasitos hacia un nuevo enfoque en la movilidad urbana y sostenible.

La noticia menos halagüeña es que como ha dicho Marcos Barinas Uribe: la situación del transporte y la movilidad en el país no se soluciona a corto plazo. Este es un desafío incluso para naciones con mayor inversión en estos sectores.

Hace poco, el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (INTRANT) presentó el Observatorio de Movilidad Urbana Sostenible (OMUS). En este participan distintas entidades del sector público y privado, incluyendo la academia.

El observatorio es una iniciativa que hay que saludar. De acuerdo con las autoridades del INTRANT y el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (Intec), incluirá ejes de acceso universal y participación de los municipios.

Estos puntos resaltan la necesidad de que todos los sectores se involucren. Así, la participación de los gobiernos locales es definitiva para eliminar las barreras de desplazamiento autónomo y seguro de la ciudadanía.

A este respecto, rescato la respuesta dada por Marcos Barinas a un aspirante a alcalde que presentaba soluciones al transporte de la ciudad. En aquel momento, Barinas dijo que era imposible para cualquier alcalde solucionar los problemas de transporte y la basura sin contar con el resto de los municipios en el Gran Santo Domingo.

La razón de ser en este enfoque tiene su origen en la interdependencia de las distintas demarcaciones del GSD. De acuerdo con las cifras del INTRANT, en el Gran Santo Domingo se realizan 3,097,106 viajes cada día. 42 de cada 100 viajes ocurren en vehículos privados. 36 por ciento sucede en transporte público. Nueve de cada 100 viajeros utilizan sólo metro. 21 por ciento se moviliza a pie. Y uno por ciento utiliza bicicletas para desplazarse.

Las interpretaciones a estos datos son múltiples. Algunas de ellas indican que parte de la congestión vehicular en Santo Domingo tiene que ver con los vehículos privados.

Sin embargo, hasta tanto las estrategias de movilidad no empiecen a contemplar el bienestar de las usuarias y usuarios de transporte público, la ciudadanía optará por autogestionar sus medios de desplazamiento. Y en el ínterin, las brechas entre grupos poblaciones se ampliarán.

Aquí es donde entra la participación de los gobiernos locales. Bajo una mirada unificada, la inversión en infraestructura, regulación de los sistemas de transporte y la educación ciudadana cobran mayor relevancia.

La mirada territorial incluye la identificación de las zonas en las que viven las poblaciones con mayor vulnerabilidad del país. Conocer las rutas de personas con discapacidad, adultos mayores e infantes, facilitará el diseño de sistemas de información, coordinación y eliminación de barreras en la oferta de transporte público.

En una próxima entrega se abordarán las buenas prácticas en torno al uso de big data y nuevas tecnologías para gestionar la movilidad y la seguridad vial. Asimismo, se abordarán las desigualdades por género y condiciones de discapacidad.

Entre tanto, es importante insistir en que, aunque no hay soluciones mágicas a las debilidades que tenemos en nuestra ciudad, la interoperabilidad y las sinergias son indispensables para eliminar las barreras. Esta discusión forma parte del II Congreso Internacional de Accesibilidad Urbana que celebraremos junto a la Fundación Francina en octubre.

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