Vidas al servicio de la erradicación de la violencia contra la mujer (II)

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Continuemos hablando con ex abogadas del Ministerio de la Mujer, que dedicaron décadas de sus vidas a combatir la violencia contra la mujer. Esta vez nos enfocamos en la formación de las defensoras de la mujer y el sistema judicial.
¿Qué es algo que hubiesen querido saber al inicio de sus carreras y que aprendieron con el tiempo? “Me hubiese gustado estar más preparada para asumir esa responsabilidad, porque un caso representa la vida de esa mujer y muchas veces de sus hijos también,” comenta una abogada. “Hay procesos que toma tiempo entender. Por ejemplo, el ciclo de la violencia o cómo manejar casos de violación, o incluso los casos de violación dentro de las familias. Nadie nos lo explicó, quien nos enseñó a manejar casos tan delicados fue la práctica”.

¿Y cómo está la formación en estos momentos?, cuestiono. “Una falla que tiene el sistema es que institucionalmente no forma abogadas para manejar casos de violencia. La preparación muchas veces se va dando por iniciativa propia de hacer talleres o diplomados, pero no es que el Ministerio de la Mujer, oferte una formación previa al manejo de casos de violencia, que debemos enfrentar y que son casos delicados”.

Otra abogada comenta: “Actualmente, el sistema no te prepara para atender víctimas de violencia. Hace unos años había una preocupación para preparar al personal legal que trabaja los casos de violencia. Nos abrieron oportunidades para prepararnos en el área penal, derechos humanos de la mujer, pero la institución se ha quedado rezagada en relación a la necesidad de enfatizar la importancia de tener una preparación especializada, que complemente nuestra formación original en la abogacía”.

Como ejemplo institucional paralelo, citan a los defensores públicos de imputados: “a ellos los entrenan por medio de un programa en la Escuela de la Judicatura, a diferencia de lo que ocurre con el abogado que entra a defender víctimas. Lo habitual es que nosotras mismas, con nuestro propio esfuerzo, hemos pagado nuestros estudios, pero no como parte de un programa colectivo institucional”, explica la abogada.

¿Es decir, consideran que algo que podría implantarse de cara al futuro es un programa de formación de abogadas que defiendan a mujeres víctimas de violencia, similar al programa que se implementa para formar abogados que defienden a los imputados? “Exactamente,” comenta una de las letradas. “Desde que se creó Defensoría Pública, fue con ese concepto y con esos programas. De hecho, los defensores de los imputados entran por concursos. Se hacen concursos, y los examinan en base a un temario larguísimo. Y después de ese examen duran un tiempo, más de un año, recibiendo entrenamiento especializado en la Escuela de la Judicatura. Sean abogadas del Ministerio de la Mujer, de la Procuraduría o incluso casos de violencia en general, al margen de determinada institución, como país debemos otorgarle igual valor a todo el personal que llevará los casos de víctimas de violencia.”

Cuando pregunté en relación a si los abogados de los imputados agresores cobran mayor salario que las abogadas de las víctimas, la sonrisa triste por la ingenuidad de mi pregunta, no se hizo esperar, y eventualmente una me respondió que claro que sí: “Pero, no es solo el sueldo, aunque eso es importante porque la gente tiene que trabajar con una motivación, sino también las condiciones. Porque eso te indica la valoración que, ante los ojos del Estado, tiene este tema. Mas allá de conmemoraciones mediáticas o de las marchas, de manera global, es como si el Estado te incentiva más para que tú defiendas imputados (mejor salario, más entrenamiento, mejores condiciones), que para defender a una mujer que sufre violencia”. Otra ex defensora de mujeres víctimas de violencia resalta que: “Se entiende que todo el mundo tiene su derecho humano a una defensa digna, incluyendo los imputados por agresión. Pero como mínimo, ambos abogados deberían tener condiciones laborales e incentivos profesionales equitativos. No es justo con las mujeres de este país, que los imputados cuenten con abogados formados específicamente para defenderlos a ellos, pero las mujeres víctimas de violencia no.”

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