Dos en uno: Bukele y Lula…

Si ha habido dos eventos que sacuden la actualidad sociopolítica o de crisis en nuestro hemisferio son: a) la valiente determinación política-militar y de combate frontal a la barbarie en Haití (vestida de gangas apadrinadas por empresarios y políticos) por parte del presidente Nayid Bukele que le ha dado una bofetada a la ONU, OEA y la comunidad internacional -naderías inoperantes-; b) y la triste y cuestionable “victoria electoral” del presidente Luis Iganacio Lula de Silva en el contexto de un populismo-clientelismo, asistencia pública -programas sociales- intencionada y acrecentada en zafra electoral (algo prohibido por ley) y la intervención de un juez sin autoridad jurisdiccional-electoral, otrora su abogado -caso Lava Jato- que se la puso como se dice en el argot beisbolero “huevita”. Así quién no, ¿eh? De modo, que no le luce a nadie felicitar con todas sus letras aquello (lo acontecido en Brasil), y menos a dirigentes del PLD -un partido de centroderecha-liberal aunque se cree de izquierda-, pues en febrero-2020, por presión del hoy presidente Luis Abinader, su periferia mediática y su partido, se pospusieron unas elecciones municipales por alegadas fallas técnicas en dos o tres colegios. Esto último, sería -para el PLD-, de cara a 2028, afilar cuchillos para sus propias gargantas. En consecuencia, lo más prudente sería exigir lo mismo que exigió -mostrar las actas, o como en su caso ahora, una auditoría independiente: y si ganó … .ganó- el presidente Lula en el caso del “triunfo electoral” de Nicolas Maduro. ¿Se acuerdan?

Entonces, uno: la intervención del presidente Bukele en Haití -hasta ahora 2.000 soldados- atrás la búsqueda y rescate de cuatro miembros-técnicos de asistencia humanitaria está más que justificada, pues Haití es tierra de nadie, azotada por una retahíla de gangas de instintos execrables y asesinos, empresarios y políticos coludidos, supra-agendas políticas-corporativas y una Comunidad Internacional indiferente haciendo pantomimas con la desgracia y la sangre de un pueblo. Ahora si sabrán -ya lo están sabiendo- esas gangas y sus financiadores a que sabe batirse, con coraje, determinación y cojones, a tiros en el terreno y sin miedo. Y hace tiempo que en Haití debió hacerse lo que el presidente Bukele está haciendo y que debería ser acompañado de un plan Marshall por que el “Estado” haitiano es más que sabido una caricatura fallida donde el caos es dizque política de estado a conveniencia de su élite-oligarquía y esas bandas de delincuentes que dirige Barbecue y otros -que si no se rinden, tienen los días contados-.

Dos: el caso de Lula y Brasil no deja de ser un retroceso para la frágil democracia brasileña que, tarde que temprano, traerá problemas de gobernabilidad a un país con una proyección económica-geopolítica de ascenso y que por ello debe resolverse, con una auditoría independiente, amén de que no se quiera retrotraer la nación -de Jorge Leal Amad de Faria, Roberto Carlos y Pelé- a tiempos ya superados. En Brasil, post-segunda vuelta, hay muchas incógnitas a resolver y si el presidente Lula no quiere terminar como un tramposo-ambicioso bien debería facilitar las cosas para la realización de una auditoría independiente a los resultados, pues es increíble que donde Flavio Bolsonaro ganó en la primera vuelta, pero en la segunda no sacó, en algunos colegios, ni siquiera un solo un voto -y lo más grave perdió, dizque 10 millones de votos (algo extrañísimo o para pensar)-. Eso ni el mismo Lula se lo está creyendo. Despejar las fallas técnicas o de software sería la única salida. Otra cosa sería ingobernabilidad o represión-retaliación política; y de ahí a una dictadura es un resbalón.

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