Título: El sexo como eje de opresión. Sí, el sexo (II)

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¡Ay, mi madre! Me cuentan algunos amigos que mi último artículo fue todo un éxito y ahora tengo un montón de hombres interesados en este seriado. Bueno, si usted se emocionó con aquella conversación sobre teorías y leyes, pues prepárese que esto se va a poner candente: va a llegar un punto en el que hablaremos hasta de estadísticas y de la importancia de tener requisitos claros en los estudios clínicos: ¡todo un escándalo! Ojalá que nadie me reporte ante las autoridades por indecente…
Continuamos hablando sobre el Anteproyecto de Ley de Identidad de Género (nombre político “Anteproyecto de Ley General de Igualdad y No Discriminación). Luego de introducir el seriado, considero importante especificar algunos puntos. Como, ¿qué es el sexo biológico? ¿qué es el género? Y, ¿por qué Raquel sigue alegando que las mujeres representan “una clase social”? ¡Con mucho gusto les explico!

El sexo es nuestra biología. Podemos nacer niñas, niños, y en un porcentaje muy pero muy reducido, podemos tener una variación genética que nos determinaría como intersexo (una combinación de ambos). Solemos asumir que cuando hablamos de diferencias biológicas entre hombres y mujeres nos referimos exclusivamente al sistema reproductivo. Esto es una idea medieval errada, ya que asume que las mujeres son meramente un derivado de los hombres, pero con útero y senos.

El sexo biológico es muchísimo más que sistemas reproductivos. Por ejemplo, nuestro sexo biológico determina factores como la diferente propensión o resistencia a ciertas enfermedades.
En un mundo ideal todo esto sería irrelevante y todo el mundo sería tratado con amor y respeto. Pero no vivimos en ese mundo ideal: vivimos en un patriarcado. En un sistema patriarcal, nacer niña y ser mujer frecuentemente acarrea repercusiones severas. Cuando las feministas argumentamos que las mujeres constituyen “una clase social”, lo que queremos decir es que, alrededor del mundo, las mujeres atraviesan todo tipo de situaciones de opresión y discriminación diferentes, pero su sexo biológico funciona como un común denominador.

Algunas de estas opresiones son legitimadas a través de creencias que buscan naturalizar la opresión y subordinación de las mujeres. Esas creencias son lo que conocemos como género y sobre eso hablaremos más adelante.

En la República Dominicana, los tres jinetes principales del apocalipsis de las mujeres son los feminicidios, el matrimonio infantil y los abortos clandestinos. En cada uno, el sexo biológico juega un factor elemental. No son hombres y mujeres que matan sus parejas en igual medida… fueron hombres que mataron más de 200 mujeres el año pasado. En la mente de los feminicidas, ser mujer implicó un nivel de deshumanización que legitimó cada matanza. De igual manera, los hombres adultos que buscan menores “para casarse” hablan abiertamente de que, para ellos, las niñas representan un sujeto dócil que se puede dominar con facilidad, particularmente, luego de embarazarlas. Ser niña es fundamental en esta dinámica. Y, obviamente, un embarazo no puede poner su vida en peligro mortal si usted no tiene un útero fecundable.

La evidencia es irrefutable, pero según las leyes dominicanas, el sexo no es un factor. Dado nuestro contexto, resulta extremadamente preocupante que el derecho dominicano ni siquiera sabía que esto es importante y que esta omisión es peligrosa, ya que coloca a las mujeres en una posición vulnerable.
Usted dirá, ¿qué tan importante son estas definiciones? Yo le respondo que, para mujeres y niñas, es un asunto de vida o muerte. Eso se evidencia, especialmente, cuando analizamos los efectos de ignorar el sexo biológico en la medicina. Sobre eso hablaremos en el próximo artículo.

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