La exuberante Laguna de Oviedo

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A algo más de 250 km por carretera, al oeste de Santo Domingo, en el llamado Sur Profundo se encuentra el Municipio de Oviedo en la Provincia de Pedernales. Su nombre en honor a Gonzalo de Oviedo Fernández y Valdez, cronista de Indias Se llamó antes: El Guanal y Trujín y a partir del ’57, el nombre de hoy. Hay registrados cerca de 15,000 ciudadanos dominicanos, siendo la población situada más al sur.

Cerca de ella la Laguna de Oviedo, la más grande del país con alrededor de 28 km2. Se trata de una masa de agua mucho mas salada que la del Mar Caribe, que tiene a unos pocos metros al sur. Esas costas son lugar preferido en el anidamiento de tortugas y donde Medio Ambiente despliega una vigilante actividad. De escasa profundidad, cerca de 1.50 metros (unos 5 pies) en sus puntos mas profundos. Se entiende que la laguna es punto final de corrientes subterráneas que arrastran sedimentos calcáreos del color blanco característico de esa zona y rico en minerales.

Interesantísimo hábitat y hospedero de unas 60 especies de aves acuáticas y se menciona un pez el “Cyprinodon nicholsi”, solo conocido como existente en la laguna. Hay 11 especies de murciélagos y las dos iguanas propias del país: Rinoceronte y la de Ricort. En esa zona se han avistado ejemplares de Jutia y Soledonodonte, animales casi extintos en la fauna criolla. Hicimos un “tour” en este reservorio ecológico, visitando varios de sus islotes (tiene 24) incluyendo El Cayo de las Iguanas, con hermosos ejemplares acostumbrados a la presencia de turistas. Abordamos 2 embarcaciones a motor, en un paseo de 2 horas y los capitanes que nos tocaron, Angito Urbáez y Dichoso Carrasco, resultaron personas de un amplio conocimiento sobre las condiciones naturales de la Laguna, excelentes navegantes conocedores de sus secretos y misterios, con la hospitalidad y sonrisas propias de la gente de esa región.

Terminamos con un baño de barro sedimental en un punto especifico de la laguna, con un material al que se le atribuyen condiciones terapéuticas y cosméticas que nuestros guías promocionan convencidos y convincentes. Resultó divertidísimo el “embarre” y el baño obligado con el agua marrón claro y la obligada, ya en tierra. Interesante comprobar la identificación de los lugareños con ese recurso y la importancia que le dan a su conservación y cuido; el manejo de la estación del M. de Medio Ambiente dispuesto a la orientación y ayuda al turista, nos pareció apropiado. Hace falta identificación más clara del lugar sin confiar en “to el mundo sabe” muy propio nuestro.

Los Ayuntamientos deben entender que la presencia de turistas, criollos y extranjeros trae dinero fresco a la zona y deben centrar parte de su trabajo a promover los diversos atractivos naturales. Y asegurarse de su limpieza, contando siempre que el criollo tira basura como deporte. En los lugares vírgenes, hay que poner letreros que digan: “RECOGE TU BASURA….Y LLEVATELA”.

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