Benny Moré no fue al conservatorio, pero sí sabía música

Antonio Gómez Sotolongo
Especial para elCaribe

Bartolomé Maximiliano Moré Gutiérrez nació en Cuba el 24 de agosto de 1919 en el barrio de Pueblo Nuevo, en Santa Isabel de las Lajas, entonces provincia Las Villas y hoy Cienfuegos y fue más conocido como Benny Moré «El Bárbaro del Ritmo». Según nos dice la Wikipedia:

Era el mayor de dieciocho hermanos de una familia afrocubana humilde y campesina. Según la tradición, su tatarabuelo materno Gundo, hijo del rey de una tribu congoleña, fue capturado a los nueve años y vendido en Cuba como esclavo al propietario de una plantación llamado Ramón Paredes, adoptando el apellido de su amo bajo el nombre de Ta Ramón Gundo Paredes, según la costumbre de la época. Al pasar a la propiedad del conde de Casa Moré, dueño del central La Santísima Trinidad, pasó a llamarse Ta Ramón Gundo Moré. Siendo emancipado por el conde, mantuvo el apellido Moré, muriendo como liberto a la edad de noventa y cuatro años. Siendo el propio músico hijo de una unión ilegítima (se dice que su padre fue Silvestre Gutiérrez), recibió el apellido de su madre, Virginia Moré, quien a su vez lo había recibido de su abuela Patricia y de su bisabuela Julia, todas descendientes de uniones ilegítimas con hombres blancos, que no reconocieron a sus hijos, adoptando por tanto el apellido materno trasmitido de su tatarabuelo Gundo Moré.

Benny Moré fue tan popular y su obra musical tan trascendente para la Historia de la Música cubana, que puede parecer increíble que no haya sido capaz de escribir una sola nota musical; sin embargo, tenía el don de imaginarla internamente como cualquier compositor ilustrado, él dictaba las orquestaciones que después sonaban magníficamente.

Las academias son, desde la Antigüedad, sitios imprescindibles para que los individuos adquieran las competencias necesarias para ejercer una profesión u oficio; sin embargo, existen las excepciones que confirman la regla. Benny Moré fue una de esas personas que con un alto grado de intuición fue capaz de adquirir por transmisión oral y a una velocidad pasmosa el inmenso caudal de conocimientos necesarios para crear una obra musical que se convirtió en imperecedera e imprescindible en la cultura cubana; y por eso, se han publicado y se seguirán publicando decenas de artículos en los que se rememoran escenas de su paso por la vida, momentos de relumbre y de pobreza, en los que se repite el desacierto de «que Benny, a pesar de lo grande que fue, no sabía música».

Nacido en un barrio pobre, descendiente de afrocubanos, congo y guajiro de raíz, conoció en sus primeros años de vida ese menjunje, ese ajiaco de culturas que se ha formado entre los palos, las tonadas, los toques, los nengones y todo un amplio abanico de músicas que durante siglos se fueron sintetizando en la mayor de las Antillas.

Benny, desde muy niño sabía improvisar décimas, lo aprendió de escucharlas a los poetas campesinos, así como aprendió los múltiples toques y ritmos de la música afrocubana. Benny aprendió a tocar el tres y la guitarra por haberla escuchado a otros que también por tradición oral conocían lo más profundo de los elementos de la música cubana.

Aprendió a cantar y tocar sones, y cuando llegó a La Habana por primera vez se bebió las mil y una tendencias que en los años cuarenta se movían en la cosmopolita urbe, y algunas vueltas después, en 1952, de regreso en la capital cubana, junto a Bebo Valdés tiró al ruedo aquel ritmo batanga, de corta andadura, pero de imborrable importancia.
De cortador de caña en Vertientes y músico ambulante, pasó a ser uno de los ídolos de todos los cubanos. Una de sus primeras experiencias profesionales las vivió con el Trío y el Conjunto Matamoros, con el que grabó varias piezas en vísperas de su primer viaje a México. Con Matamoros adquirió sin dudas un nuevo grado de Maestría.

En tierra firme se vinculó al matancero Pérez Prado, músico de alto calibre, genial compositor, arreglista y pianista de quien Benny Moré indudablemente tomó nuevos conocimientos. Allá participó en películas, grabó con las más reputadas agrupaciones mexicanas de entonces y cuando el siglo XX iba a comenzar su segunda mitad, quien se había ganado el epíteto de El Bárbaro del Ritmo, creó en La Habana una Banda Gigante, y esta la integró con un grupo de los más reputados músicos de entonces, a quienes asombraba por sus capacidades en la creación de arreglos, que si bien nunca supo escribir, siempre demostró que había aprendido perfectamente todas las reglas de la armonía tradicional, Benny no fue capaz de escribir la música, pero tenía el don de imaginarla internamente como cualquier compositor ilustrado, él dictaba las orquestaciones que después sonaban magníficamente.

Entre las decenas de grabaciones que aparecen en su discografía, si tuviera que escoger una, solamente una entre tantas piezas estupendas, para demostrar lo que digo, esa sería «Perdón», de Pedro Flores, a dúo con Pedro Vargas, grabada en Cuba para la Victor el 6 de abril de 1954.

La técnica vocal y la destreza interpretativa del Benny, se colocan a la altura de la maestría de Pedro Vargas y esta es una prueba más que fehaciente de que el Bárbaro del Ritmo fue un músico de amplios conocimientos académicos.

Benny Moré sí sabía música, y a pesar de que los tiempos que corren inviten a olvidar esas glorias, tengo fe en que existirá la música por algunos siglos más, y en el futuro estas joyas volverán a brillar como parte imprescindible de una cultura y una época, y los músicos académicos tendrán que tomarlas en cuenta e incluirlas en su bagaje cultural.

Benny murió el 19 de febrero de 1963 en el Hospital de Emergencia, en La Habana, Cuba, cuando tenía solamente 42 años, pero la obra que nos dejó está hecha con lo más acendrado del conocimiento musical de su época.


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(*) Historiador. Master en investigación musical por la Universidad Internacional de Valencia, España. Miembro Correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio (AHCE). Licenciado en Música por la Universidad de las Artes de Cuba. Contrabajista Principal de la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana.
Correo-e: [email protected]
Esta página es una colaboración especial para este suplemento.

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