El pasado miércoles 28 de octubre tuve la oportunidad de ofrecer una visita guiada a la exposición “Picasso & Tovar: Acciones morfológicas”, presentada en la Galería de la Alianza Francesa de Santo Domingo. Este encuentro propició una reflexión sobre dos universos artísticos de procedencias y generaciones distintas, reunidos mediante obras de la Colección Báez Tavárez, bajo la curaduría de Alescar Ortiz.
La propuesta permite examinar el dibujo y la obra gráfica como territorios de experimentación. Su interés no radica en establecer equivalencias estilísticas ni influencias directas, sino en reconocer cómo Pablo Picasso (1881-1973) e Iván Tovar (1942-2020) encontraron en la metamorfosis de las formas una vía para cuestionar los límites de la representación.
En Picasso, esta transformación se manifiesta en la “Suite Vollard”, uno de los conjuntos más significativos de la gráfica moderna. Integrada por cien estampas realizadas entre 1930 y 1937, de las cuales se exhiben algunos ejemplares. La serie toma su nombre del marchante y editor Ambroise Vollard y mediante procedimientos calcográficos, entre ellos el aguafuerte, la punta seca y el buril, Picasso explora el cuerpo humano, el taller del escultor, la mitología, el erotismo y la condición del artista.
En el caso de Tovar, la metamorfosis adquiere otra dimensión. Su lenguaje se articula mediante formas biomórficas, estructuras ambiguas y organismos imaginarios que eluden toda clasificación definitiva. Aunque vinculado al surrealismo, desarrolló una identidad plástica propia, sustentada en el dominio del dibujo y en una singular capacidad de asociación visual.
La relación de Tovar con el escritor y crítico de arte francés José Pierre constituye una referencia indispensable para comprender la dimensión intelectual de las obras que publicaron en conjunto. Vinculado al movimiento surrealista, Pierre reconoció en el universo de Tovar una afinidad con las investigaciones poéticas que buscaban ampliar las relaciones entre imagen, pensamiento y lenguaje.
