Estados Unidos y El Caribe, una vista dominicana a través de la Historia

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¿Es válido aceptar que el Destino Manifiesto (Manifest Destiny) es una doctrina? ¿Es el Determinismo la Doctrina filosófica que sustenta la idea que subyace en el pueblo norteamericano, según la cual todo fenómeno está prefijado de una manera necesaria por las circunstancias o condiciones en que se produce, y, por consiguiente, ninguno de los actos de nuestra voluntad es libre, sino necesariamente preestablecido y que ellos son el pueblo elegido? (RAE, 2020).

Si asentimos en las dos cuestionantes anteriores, entonces nuestras miradas deben girarse a lo afirmado por Callcott para los años de 1850; “Los Estados Unidos estaban más convencidos que nunca de que era un mandato del destino, y estaban llamados por Dios, por el deber de dominar las áreas que pensaban eran necesarias para su propio desarrollo”.

Esto explica el interés manifiesto de los EE UU en el establecimiento de bases navales en las proximidades caribeñas y sus adentros. En 1854, una exploración fue hecha en la Bahía de Samaná, en la República Dominicana, con la idea de adquirirla, y años más tarde, ciudadanos privados daban caluroso apoyo a planes para invadir a Cuba. Sin embargo, los EE.UU se vieron envueltos en la Guerra Civil, y el más serio intento contra la Doctrina de Monroe y su propia seguridad.

La Doctrina de Monroe no pudo ser aplicada, pues no había quién lo hiciera. En las estrategias diplomáticas hay un dicho que reza: los hechos se tienen que apoyar en las palabras, y los EE.UU no estaban en posición para instalar una base naval en Samaná.

En 1869 se reabren las negociaciones para instalar una base naval en Samaná, con un extra de mayor peso, se pensó en la posibilidad de anexarse el país. Pero las presiones del Senado, sobre todo las dirigidas por Charles Summer, terminaron derrotando la idea de la administración de Ulysses S. Grant, quien, a la sazón, estaba de acuerdo con la anexión.

Favoreció a la República Dominicana, en ese momento, la política de expansión del Secretario de Estado y hombre de confianza de Abraham Lincoln, William H. Seward, quien planteó la compra de las islas españolas de Culebra y Culebrita, todo lo relacionado con Panamá y las Islas Tigre. Aunque este proyecto fracasó, sirvió de base para que Callcott afirmara que en las diferentes administraciones del Ejecutivo en el norte continuara la idea de que todas la Indias Occidentales debían ser adquiridas, porque ellas representaban la seguridad de los EE UU en El Caribe.

Aunque los negociadores y asesores de la época no lo dejaban entrever, Cuba era el objetivo principal de esta política geoestratégica de proteger la seguridad nacional. Múltiples correspondencias se habían cruzado, declaraciones diplomáticas estaban en proceso, hubo protestas y, hasta movimientos navales fueron avistados.

La oportuna intervención de los entendidos en las relaciones diplomáticas y política internacional del momento convenció a los auspiciadores de que la idea, los reconocimientos y la adopción de una acción para con El Caribe, por parte de los norteamericanos, no estaba lo suficientemente madura para aplicar.

Los hechos después demostraron que esta acción no era política institucional de los Estados Unidos, sino, que más bien, correspondían a los intereses de personas en particular, lo cual quedó demostrado con la reunión Panamericana que auspició EE UU para 1881, con una diferencia marcada: no invitó a Haití.

La inmadurez del proyecto estadounidense para con El Caribe se vio vacilante, además, cuando se analizaba que la Doctrina Monroe no era un Proyecto de Nación, ni de Estado, sino de un Partido, el Demócrata Republicano que enfrentaba a los Federalistas y tenía en su agenda una presencia activa en la zona Caribeña, sin que ello afectara la idea de Seguridad Nacional que se argüía.

A pesar de las vacilaciones, dos aspectos de los intereses de los EE UU con El Caribe quedaban claros. A decir: 1. Seguridad, que es lo mismo que expansión estratégica y, 2. Imperialismo, que es lo mismo que expansión de su zona comercial. Lo de seguridad es claramente entendible, por eso lo de las instalaciones de las bases navales. Lo de expansión imperial se demuestra con las relaciones mercantiles inducidas, con mercados preferenciales que se crearon.

El final de la década de los ochenta en el Siglo XIX parecía una etapa clara para las intenciones de EE UU con El Caribe insular. Samaná volvió a ser centro de atención y el Secretario James Gillespie Blaine propuso comprar la Bahía, junto a la Mole de San Nicolás, con el mismo propósito y uso.

Después, el mismo Secretario Blaine cambia de posición y propone que solo habría tres lugares no continentales que ellos deberían dominar, Hawaii, Cuba y Puerto Rico. Aclaraba que Cuba y Puerto Rico no serían inminentes por generaciones. Sin embargo, la realidad lo hace chocar con la independencia de Cuba en la Guerra Hispanoamericana y la instalación de una base naval en Guantánamo, la construcción y apertura del Canal de Panamá, después de la – independencia- de este país con la instalación de una guarnición en la Zona del Canal y la anexión de Puerto Rico que fue utilizada para todos los propósitos de la defensa nacional, hasta las ocupaciones de Haití y República Dominicana, todo esto en el lapso de 1898 a 1916.

Es bueno aclarar que los lazos comerciales de Estados Unidos con los pueblos del Caribe no inician aquí. Ya para los tiempos de la independencia de Haití se abastecían de productos de esta antigua colonia francesa, cuando las relaciones de las dos metrópolis, Francia e Inglaterra, lo permitían. Esta actividad se acrecentó cuando se declara la independencia de los EE UU y Francia se convierte en suplidor de lo que suministraba Inglaterra, pero no eran productos traídos de Europa, sino que eran llevados de su colonia en El Caribe: Haití.

El comercio con las Antillas lucró la industria de Estados Unidos. Este país fue llamado a ser el proveedor de la zona, tanto, que cuando se proclama la independencia de la República Dominicana en 1844, muchos de los pertrechos fueron proveídos por el vecino del norte.

Un aspecto que queda pendiente para un análisis posterior es el uso que dio Estados Unidos a los países ubicados del lado Caribeño. En el aspecto sociodemográfico, los países de este lado del mar fueron usados para resolver el antiguo problema interno de 1820, cientos de negros fueron ubicados en Haití y Samaná tratando de buscar solución al problema de la población negra en los muy poblados estados del noreste.

A partir de aquí El Caribe fue el camino natural para el crecimiento económico del naciente imperio norteamericano.

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