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En Santiago, José Martí se hospedó en la Casa de Nicolás Ramírez, en la calle de las Rosas, 16 de agosto

Emilio Rodríguez Demorizi le sacó el jugo al Archivo General de la Nación cuando fue su director. Sus publicaciones, apoyadas en documentos, son incontestables e invaluables y uno de ellos es el que le dedicó a las tres visitas de José Martí al país. “…Este libro se consagra, pues, a la humilde faena de revelar todavía más la pasión dominicana por Martí y por la causa de su Patria…” concluye la Advertencia (prólogo) de fecha 4 de diciembre 1952.

Estas tres visitas de Martí revelan además su reconciliación con “El Viejo”, que es como le llamaban al General Máximo Gómez instalado en Montecristi. “Reconciliación” porque en 1889, en una reunión en Nueva York con Maceo: “…tras el desacuerdo (…) los tres caudillos se dispersan: Maceo a sus largos caminos; Martí junto al Hudson; y Gómez, como un ave errante en busca de seguro amparo para sus hijos, del que pudiera volar hacia Cuba al primer toque del clarín…”


Primera visita

Cuando Martí llegó a Montecristi se presentó a las puertas de la Casa Comercial de Juan Isidro Jimenes donde trabajaban Panchito y Máximo, dos hijos de Gómez quienes lo llevarían a la finca “La Reforma”.

Dice Martí: “…Manana, generosa, la compañera de la guerra, saluda, como a un hermano, al desconocido (…) “¡Y yo que me tendré que quedar haciendo las veces de mi padre!”, dice con la mirada húmeda Francisco, el mayor. Máximo, pálido, escucha en silencio… Urbano, leal, anhela órdenes…”

Ya había saludado en Dajabón al General Toño Calderón y a Joaquín Montesino.

En su recorrido de 20 leguas desde Montecristi a la finca, se hospeda en la casa de huéspedes de Catalina Ramos. Saluda a Coll, Badín y Messenet, quienes esperan la hora de servirle a su Patria.

La descripción de Martí del encuentro con Gómez, aparte de ser una hermosura, refleja su amor al General, a la vida y es, por demás, una bella página literaria que solo Martí podía escribir:

“…Se abrieron a la vez la puerta y los brazos del viejo General: en el alma sentía sus ojos, escudriñadores y tiernos, el recién llegado; y el viejo volvió a abrazar en largo silencio al caminante…”

Gómez escribió, de su lado: “…Martí ha encontrado mis brazos abiertos para él, y mi corazón, como siempre, dispuesto para Cuba…”

En Santiago se hospedó en la casa de Nicolás Ramírez en la calle de las Rosas (16 de agosto) donde estuvo instalado el Gobierno de la Restauración (espacio que Ercilia Pepín usó para construir, con su dinero, el Liceo México en 1928). Allí se firmó el acuerdo y donde Gómez expresa: “Le ofrezco a Ud. sin temor de negativa, este nuevo trabajo, hoy que no tengo más remuneración que brindarle que el placer del sacrificio y la ingratitud probable de los hombres…”


Segunda visita

El segundo viaje de Martí ocurrió en junio de 1893 para impulsar los trabajos revolucionarios.
El comerciante, y luego presidente, Juan Isidro Jimenes le solicitó su apoyo a Gómez en su lucha y afán por la Presidencia y en contra del Gobierno de Ulises Heureaux, Lilis. Gómez, con todo respeto, con gallardía, lo pone en su puesto, le responde que para él es imposible tal empresa dada las muestras de apoyo de Lilis a los mambises cubanos y sus luchas por independizarse del colonialismo español y su compromiso de crear una unidad militar que iría a Puerto Rico con los mismos objetivos. Eleuterio Hatton, auxiliar de Martí, habla de la llegada a Santo Domingo del brigadier Juan Rius Rivera quien dice, en una carta, que recibió apoyo de Lozano (Lilís), seudónimo “…quien me ha prometido tener un jefe experimentado con 80 hombres…” para la causa de Puerto Rico. Lozano era el apellido del Cónsul de España en Santo Domingo y usado como clave para encubrir y proteger al Gobierno de Heureaux.

En francés, el Ulises, es L’Ulises y como la U se pronuncia como una i, LU pasó a ser Li y ses es igual a s, se quedó Lilis, que es como lo llamaba Luperón. El “sanguinario” se lo puso Tulio Cestero como venganza por no darle su carguito en Francia como ya había ocurrido con Manuel Rodríguez Objío contra Pepillo Salcedo a quien despotricó hasta más no poder para defender la inquina, tirria, odio, saña y rencor de Gaspar Polanco, que luego salió muuuuy mal parado ante la Historia a pesar de la defensa interesada de sectores que “obviaron” su apetito de poder y su crueldad. Volveré porque es una verdadera vaina la narrativa de familiares para encumbrar a sus parientes pasados. La objetividad se va a la porra.


Tercera visita

En febrero de 1895 vuelve a Santiago y se aloja en la casa de su amigo Nicolás Ramírez y en la casa de campo de Manuel Boitel.

La Prensa reseña: “Ayer tarde se bailó en el Centro de Recreo, con música de piano y flauta… Eran días de Carnaval. Martí recibió en Santiago cable de Nueva York indicando que todas las órdenes de insurrección habían llegado a sus destinos…” Esa fiesta fue un homenaje a Martí cuando El Centro de Recreo estaba ubicado en el antes Restaurante “Yaque” y luego “Parque” en la calle las Rosas esquina San Sebastián (16 de Agosto con 30 de Marzo) donde hay un parqueo. En esa fiesta de carnaval participó el jovencito (13 años) Josesito Mercader disfrazado de Tarasca. Su biblioteca fue fundada por el visitante distinguido.

Los cubanos de Santiago que colaboraron con Martí: Dr. Pedro Dobal, Dr. Font Sterling, Dr. Osorio, Miguel Sánchez, José Mercader (mi abuelo), coronel Nicolás Ramírez (farmacéutico vinculado a Narciso Ramírez amigo de la Farmacia Nueva), Serafín Sánchez, Dr. Bethencourt, Dr. Agüero, Dr. Coronado, Dr. Porfirio Valiente, General Collazo, Paquito Borrero, Rafael Vega, Nicolás Vega, Manuel Boitel y el Dr. Rafael Díaz.

Los contactos con Francisco Henríquez y Carvajal y Manuel de Jesús Galván lograron, con el Presidente, la suma de $2,000 (dos mil pesos) “un aporte del amigo Ulises Heureaux, sin que se entere el Presidente”. Rejuego de palabras que hizo Lilís para que los chismosos de la embajada no lo pusieran en mala con los españoles, que ya estaban mansos, pero al acecho.

Aprovechó Martí esa visita a Carvajal para visitar a Abelardo Rodríguez Urdaneta y tomarse una foto.
El Lic. José María Cabral y Báez (abogado y no médico, cuyo nombre designa al hospital de Santiago) le preguntó a Martí en la calle de las Rosas que “con qué recursos contaba para luchar contra España”. Martí le respondió: “Con los errores de la misma España”.

En marzo firmó, con Gómez, el famoso Manifiesto de Montecristi y en la madrugada del 1° de abril se embarcó hacia Cuba en compañía de Gómez, Paquito Borrero, Ángel Guerra, César Salas y Marcos Rosario, El Negro.
¡Esa es la caña!

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