Microrrelatos de Ramón Adriano Rivera

Valentín Amaro
Especial para elCaribe

Esta semana en “Espejo de tinta”, nuestro invitado es Ramón Adriano Rivera, quien nació en Villa Duarte, municipio Santo Domingo Este, en 1960. Profesor jubilado de las áreas de Educación Artística y Ciencias Sociales, estudió Ciencias de la Comunicación, Artes Escénicas, Educación Básica, Tecnología Educativa e Historia y Geografía Dominicana. Formó parte del Equipo Cultural de Herrera, del Movimiento Cultural Universitario y de otras organizaciones artísticas y culturales; en la actualidad, es miembro activo (no turista) del Taller Literario Narradores de Santo Domingo (TLNSD).

Siempre con una mirada crítica a casi todo, Adriano —como le llamamos en el taller— es de las personas que llegan a los espacios con la firme disposición de militar y servir. Conciliador y de hablar pausado, los microrrelatos que presentamos aquí nos hablan de un narrador profundamente observador de su realidad; una mirada irónica, mordaz a veces, pero, en fin, una mirada consciente como cronista de su tiempo.

Esta selección destaca, precisamente, por su asombrosa capacidad para condensar la complejidad de la experiencia humana en apenas unas líneas, transitando con naturalidad entre lo cotidiano, lo fantástico y lo trágico. A través de una prosa afilada y sugerente, Adriano explora las grietas de la psique, el peso de la ironía social y esos sutiles giros del destino que transforman la rutina en algo profundamente extraordinario. Cada pieza funciona como un destello de lucidez que prefiere sugerir antes que explicar, invitando al lector a rellenar los silencios con sus propias sospechas y emociones.

En definitiva, se trata de un soberbio ejercicio de síntesis literaria donde el humor negro, la melancolía y la crítica existencial coexisten de manera armónica y contundente; unos microrrelatos “terribles y desgraciados”, para decirlo en las palabras del gran filósofo chino Héctor Santana.
EL NIÑO INVISIBLE
Se burlaban hasta que aprendí a hacerme invisible. Agitaba mi lata con bolitas, caminaba muy rápido y decía las palabras mágicas: ¡soy invisible, soy invisible! Y ya no podían. Ahora que soy adulto, cuando me encuentro con un niño especial, si lo miro, no lo veo con ojos de lástima, pienso que como yo cuando pequeño, prefiere ser invisible.
EMIGRANTE
Se marchó muy tarde. Su miseria había hecho metástasis.
VIAJE ASTRAL
Regresé con la certeza de que María dormía a mi lado. Solo encontré una nota: “Dejé mi cuerpo para que le arreglen el pelo. ¿Puedes pasar por el, plis?”.
EL HIJO DEL TIRANO CULTIVA BONSÁI
Confina las plantas a un espacio reducido. Las mutila y amarra con alambres de púas. Las oculta del sol y les da el mínimo de agua y nutrientes. Pretende hacerlas sentirse culpables de sus pecados y frustraciones.
ESCLAVOS
Buscó el látigo y lo entregó al amo. Desnudó su espalda, se arrimó al poste y aguantó sin una queja, los veinte latigazos. Había cruzado hacia el patio interior a comer mangos. Mientras, la mucama se bañaba entonando una copla de amor.
DEJADEZ
Tengo una vieja guitarra. Nunca aprendí a tocarla. No sé por qué me recuerda a mi ex mujer.
SENSACIÓN
Paseaba por una plaza comercial. Su sombra se distrajo mirando unas vitrinas. Entró a una tienda exclusiva, se metió dentro de ropas y joyas caras. Al regresar, la joven se irguió, acomodó su pelo, sonrió y caminó como vestida de lo más cotizado y a la última moda.
DILEMA
Mi padre escucha voces. El siquiatra dice que es esquizofrenia, el pastor que es el llamado del señor. Como su hijo, estudiante de psicología y siervo de Dios, sé que, si le hablo de la palabra al siquiatra, me acusaría de poco profesional. Si menciono esquizofrenia al pastor, cuestionaría mi fe. Espero que la ciencia y/o Dios hagan su trabajo, o su voluntad.
VALORACIÓN
Al unirse ambos tenían sus corotos. Poco a poco fueron apartando los inservibles y los de menor valor. Ahora, le pidió que se marchara.
HOMERO
Luego de innumerables intentos entendió que, si seguía empujando la puerta hacia adentro, no abriría. Salió y la empujó hacia afuera.
PROHIBIDO TOCAR MI CELULAR
Tenía un divertido jueguito de una bolita que subía para arriba, bajaba para abajo, entraba para adentro y salía para afuera. Mis hijos me lo dañaron. Ahora la bolita sube para abajo, baja para arriba, entra para afuera y sale para adentro.
ENAMORADO
Creó un personaje femenino tan hermoso que sin pensarlo dos veces, le propuso matrimonio. Ella le dijo que lo consideraría. Si le corresponde, se casará en el primer capítulo de su próxima novela.
RESILIENCIA
Cuando el escritor se quedó sin inspiración, se asoció con un editor mediocre e instalaron una planta de plagio y reciclaje.
ABANDONO PÓSTUMO
Ordenó colocar sus cenizas en la recepción de la empresa. La viuda y sus tres hijos las llevaron a su pueblo natal y las pusieron dentro de la sepultura de su madre.
EN LA FRONTERA
Después de tantas negaciones y descalificaciones, el novelista decidió escribir cuentos. Necesitaba nutrirse del género por lo que repasó los de Chejov. Masticó y tragó a Pedro Peix y pensó que era tiempo de devorar a Borges. Sintió una ligera congestión por lo que se detuvo durante varios días y regresó con una nueva dieta que encontró en un tutorial de YouTube. Por la mañana Rulfo, al medio día Poe y en la cena Alice Munro. Terminó escribiendo cuentos largos o novelas cortas. Algo así.
TIEMPO EXTRA
Tocó y esperó. Ella le abrió y le dijo: “Entre y siéntese, ¿Piensa ir al desfile?” “Sí”, dijo mientras parecía consultar a su bastón. “Hace tiempo que lo esperaba”. Dijo la anciana. El visitante se levantó, avanzó hasta la figura de yeso en el rincón, juntó las manos y exclamó: “San Fermín por favor, diles que nos esperen unos días más, ¿no querrás que nos perdamos tu fiesta?”.
ACADEMIA
No entendía por qué los obligaban a hacer ejercicios estúpidos e inútiles hasta que el director se lo explicó: “Aquí vienen a desaprender”.

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