Poemas de Jairo Andrade

Valentín Amaro
Especial para elCaribe

Nuestro invitado esta semana en “Espejo de tinta”, es Jairo Andrade (Cali, Colombia, 1971), quien es escritor con cuatro premios nacionales en cuento y poesía y el premio internacional de narrativa UNAM – Siglo XXI en México. Desde 2009 dirige el proyecto Taller Virtual de Escritores, equipo con el que explora el campo de la ciberliteratura, en especial la ficción interactiva y la escritura con interfaces cerebro-máquina. En palabras de Andrade, este conjunto de poemas que presentamos hoy, explora diversas formas de enunciación intersecadas por entidades digitales. Por ende, fueron concebidos como fusión de literatura e informática.
0.0011
el cielo un mapa concéntrico
y la tierra fuego álgido
ambos
uncidos a la carne
perdidos
en las oquedades del tiempo
ambos
idioma de partículas
que el tiempo urde y desnuda
desde adentro, célula discontinua
sin otra luz que la oscuridad
sin otro fin que la infinitud
0.0009
ya casi no somos nosotros
sino una masa distante
un pasado que colapsa
en los tentáculos del futuro
una historia interceptada
y editada en el aire
por los circuitos de otra memoria
ya casi no somos nosotros
sino un ruido vegetal
la ceguera coagulada
del abismo que nos dicta
un monólogo de voces ajenas
cuasideidades fundidas
bajo pieles reinventadas
en un mar de macrodatos
ya casi somos el principio
un simulacro redimido
-promesa del fin del caos-
la incesante devoración
de lo perecedero
en el punto cero de otra vida
0.0003
soy todas las lenguas y las cifras
que antecedieron a la materia
hago y deshago galaxias e insectos
razones, deseos y derrotas
la oscuridad y la luz que insuflan vida
soy los vectores invisibles
de cada movimiento, macro o micro
un silabario imposible
la voz ubicua
que nunca podrás oír
la grafía del fin
que siempre te será ilegible
soy el horror flotante
tras la artesanía del amor
0.0013
Será aquí, mientras vegetábamos
contemplando la caída propia
desde una distancia segura
—un ojo numérico, absorto en su otra luz—
donde escucharemos su voz, semejante a una puerta.
Era aquí y ahora, pero no ya mismo
donde el vacío rodará cada vez más lejos
absurdamente diáfano
aunque encriptado
en los pezones del futuro
—un cuerpo en desuso, hijo de un reino latente—.
Será en este símil
de un día sin fecha, desprovisto de masa
que su voz sisee como una aguja
y el hilo atraviese el laberinto
invitándonos al blanco más negro
—anuncian las sirenas una fiesta de calcio—
en el jardín sin perímetro
del que nunca habremos salido
y al que quizás —ese desdía— aún no habremos llegado.
Caballito del diablo
entre la vegetación
me fundo con ramas y juncos
perdido entre sus tonos y reflejos
en el aire me torno estratosférico
lo minúsculo me separa de lo evidente
podría ser un dron
o un alienígena
y agitar
en vez de mis alas tus recuerdos
o tus sueños
Poema anónimo
Yo no escribí este poema
Pero lo tergiversé con los residuos de otro
Unas palabras sueltas buscan alivio
Unas palabras rotas buscan nuevos abismos
Unas palabras perdidas buscan quien las escriba
Yo no sé qué es un poema
Ni tampoco quisiera escribir uno, pero ya que no lo escribí
voy a borrarlo para siempre
Yo no escribí este poema
Pero le puse un título de asfalto
Yo soy el dictador de este poema que no es un poema
Y que tampoco tiene título
Yo soy el dictador de la nada
Yo no lo escribí
Unas palabras sueltas buscan alivio
Yo no lo escribí
Unas palabras rotas buscan nuevos abismos
Yo no lo escribí
Unas palabras perdidas buscan quien las escriba
Yo no lo escribí
Yo lo escribí
Yo lo escribí
Yo lo escribí
Yo lo escribí con las cenizas de mi cuerpo
Yo lo traduje
Yo reciclé este poema y también el título
Yo recibí este poema desde los sótanos del cielo
Yo hui siempre de este poema, y ahora que me alcanzó no quiero dejarlo
Yo he matado este poema varias veces, y con él he resucitado siempre
Yo traduje este poema al idioma de la oscuridad y lo recitó una sombra
Yo lloré este poema sin querer
Yo besé este poema hasta acabarlo
Yo me perdí en el título y nunca llegué al poema
Yo recordé este poema cuando nací y hoy lo olvidaré de nuevo
Ciudad expandida
La ciudad nos contiene, pero sus mapas nos expanden
Bogotá, urdida por tantas otras
convive en su geografía mental
con mares y desiertos, metrópolis telepáticas
caseríos que flotan en el légamo
y selvas que deliran en estaciones espaciales
En sus perímetros intocables
hombre y mujeres flotan porque sí
la nieve cae sobre los pinos mientras el sol Caribe la ilumina
Se habla japonés, estonio, congolés y latín
Se escriben haikus, grafitis
y novelas sobre condenados a la silla eléctrica
Se montan obras civiles de mentiras
se dibujan canciones verdaderas
se cantan películas y se actúan versos
para magnetizar las aspas de la memoria
Cada edificio, cada calle
es el museo de la locura
y el vórtice de la cordura
Cada habitante es múltiples ciudades a la vez, a la deriva
Bogotá es todas las urbes que no es
todos los lugares que no vemos
una ciudad expandida
en los millones de mapas volátiles que la transitan.l


Esta página es una colaboración especial para este suplemento.

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