¿Plagio o picardía de mercado?
Antonio Gómez Sotolongo
Especial para elCaribe
Casi todos los que tenemos la costumbre de leer libros, en más de una ocasión nos hemos saltado esas páginas del prólogo en las que algún erudito, en su afán por edificarnos, nos pone a algunas páginas de distancia de la trama que ansiosos queremos descubrir. Sin embargo, hay un texto que en su primera edición, para evitar esas molestias al lector, salió de la imprenta sin la más mínima nota, sin prolegómenos, sin aclaraciones e incluso sin el nombre de la autora, y el contenido de sus páginas convocó duraderas confusiones en la Historia de la Música.
Esa fue la obra de la musicóloga inglesa Esther Meynell, titulada Pequeña Crónica de Ana Magdalena Bach, en la que se narra la vida de Johann Sebastian Bach. El texto, que vio la luz en Londres en 1925, en su primera edición y en muchas otras se publicó de manera anónima, lo cual dio pie para que incluso en nuestros días se tengan por hechos irrefutables las anécdotas que en ese hermoso libro se cuentan. La Crónica es contada en primera persona de manera imaginaria por Ana Magdalena Wülken, quien fuera la segunda esposa de Juan Sebastián Bach. Narrada de este modo, no deja lugar a dudas para el lector desprevenido de que cuanto se lee en esas páginas fue escrito por un testigo excepcional de la vida del músico que nació en Eisenach, en el año 1685.
Según la Wikipedia:
Johann Sebastian Bach (1685-1750) [fue un] compositor de la época barroca [y] el miembro más célebre de una gran familia de músicos del norte de Alemania […] considerado hoy en día uno de los más grandes compositores de todos los tiempos […]. Entre sus obras más conocidas se cuentan los «Conciertos de Brandeburgo», «El clave bien temperado», la «Misa en si menor» y numerosas […] obras de música sacra e instrumental.
Con el correr del tiempo investigadores y musicólogos se dieron a la tarea de enderezar el entuerto y aparecieron trabajos en los que se alertaba del carácter apócrifo de la Pequeña Crónica, ensayos en los que se la despojaba del carácter de prueba documental. Para los lectores cubanos, uno de esos textos imprescindibles para comprender exactamente el significado de este libro, en el conocimiento de la vida de uno de los más grandes genios del arte musical, es el prólogo que escribió el profesor y musicógrafo Ángel Vázquez Millares (La Habana, 1937) para la edición que la editorial Arte y Literatura publicara en 1984.
El acucioso prologuista, nos comenta lo acertado de tener una buena biografía como preámbulo para el estudio de personajes históricos y nos recuerda El mundo de Odiseo, de Finley y las obras del género escritas por Stefan Zweig, pero nos advierte que La Pequeña Crónica «se nos presenta como si se tratara de una reseña de la vida de Bach […] Y es precisamente ese aspecto el que requiere una explicación para el lector». Y continúa: «Hay ediciones tan poco escrupulosas que no sólo proponen esta obra como un testimonio realmente salido de la pluma de Ana Magdalena Wülken -o Ana Magdalena Bach-, sino que enfatizan la legitimidad del relato como resultado de la privilegiada posición que ocupara esta mujer en la vida del músico alemán». Esta desinformación o habilidad editorial ha rendido, sin dudas, muy buenos dividendos en la difusión de la obra, a base de escamotear al lector la polémica acerca de su autenticidad’.

Más adelante el señor Vázquez Millares nos recuerda que fue el musicólogo español Adolfo Salazar, quien divulgó la verdadera historia de la Pequeña Crónica, y que en su libro En torno a Juan Sebastián Bach (México, 1951) hace mención de la autora y asegura que no fue este el caso de un fraude intencional, de un crimen flagrante sino que fue la conjunción de los dos factores ya mencionados: «el hacer creer que la redacción de la crónica corresponde a la propia Ana Magdalena» y «el hecho de que la primera edición de la obra no consignaba el nombre de la autora», lo que creó la falsa atribución del libro.
Ambos factores no tienen connotación de timo pero resultan peligrosos porque en cuanto a lo primero, es un recurso literario válido utilizado incluso por Cervantes al presentarnos Las aventuras del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha, como el testimonio de Cide Amete Benengeli. Lo que sucede aquí es que Cide Amete no existió y en la obra aparece el nombre del autor, mientras que Ana Magdalena es un personaje real y el nombre de Esther Meynell no aparece en algunas ediciones de la Pequeña crónica. «La Meynell -nos dice Millares-, acudió por lo tanto, a una ficción más verosímil y peligrosa, si no es acompañada por la necesaria aclaración».
En cuanto a lo segundo, el anonimato en la primera edición de 1925 y en muchas otras ediciones fue un hecho decisivo para que con tanta seguridad se atribuyera la obra a la mano de Ana Magdalena y crear así un apócrifo que es sin dudas, como asegura el prologuista de la edición cubana de 1984, una obra «que puede ser tan útil al estudiante de música como al aficionado a este arte o al lector común, siempre que la curiosidad y el afán de penetrar más en la creación de este compositor, los lleve a consultar otros textos más profundos, enjundiosos y analíticos».
Son estas, pues, las páginas que no debe saltarse el lector que acuda a La pequeña crónica de Ana Magdalena Bach, esa amena biografía de Juan Sebastián escrita por Esther Meynell, son estos los prolegómenos indispensables para comprender el verdadero significado de este libro y encontrar en la bella y amena narración los elementos que nos acercan al personaje, al hombre y a su entorno. Son estas las páginas que nos permiten comprender la historia como fue, pero también como pudo haber sido, y nos demuestran que no hubo plagio, aunque quizás sí algo de picardía para atrapar al lector.
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(*) Historiador. Master en investigación musical por la Universidad Internacional de Valencia, España. Miembro Correspondiente de la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio (AHCE). Licenciado en Música por la Universidad de las Artes de Cuba. Contrabajista Principal de la Orquesta Sinfónica Nacional de la República Dominicana.
Correo-e: [email protected]
Esta página es una colaboración especial para este suplemento.
