Tablero, de Aída Cartagena, o el deber de contar para interpretar la realidad

Elisa Martínez Pozo
Especial para elCaribe

Desde que iniciamos la lectura de “Tablero”: doce cuentos de Aída Cartagena Portalatín, ésta nos alerta que este libro no pretende seguir la regla típica sobre el arte de escribir cuentos, nos deja saber que el lector encontrará una escritura personal, poco convencional donde su propósito es contar historias y cada una construye una visión crítica de la sociedad. Se presentan las múltiples realidades de la mujer, sus conflictos, sus formas de resistencia y el papel que desempeñan dentro de una sociedad marcada por estructuras culturales y de género.

Uno de los elementos que se puede destacar en la construcción de los personajes femenino es la identidad impuesta y la identidad vivida, esto se refleja en el cuento “La llamaban Aurora” la narradora afirma: “Mami me decía Colita… la señora Sarah me inscribió en la escuela pública con el nombre de Aurora. ¡Nada de Colita!… Seguí sintiéndome interiormente Colita y oyéndome Aurora en la voz de los otros.” Podríamos verlo como un conflicto de nombre, pero esto también refleja la imposición social y familiar sobre la identidad auténtica femenina. La discriminación que siente cuando la llaman Aurora “marcada por una risa burlona” aquí vemos como las mujeres son frecuentemente sometidas a roles y etiquetas que no corresponden con su desarrollo interior ni sus aspiraciones personales. La protagonista deja de ser nombrada desde su propia historia para convertirse en aquello que otros consideran apropiado para ella. ¿Puede existir libertad mientras otros deciden incluso cómo debemos llamarnos?

La crítica social se intensifica cuando Aurora denuncia el racismo cotidiano que experimenta. En un momento afirma: “Ni acepto aquello, dale que dale de que Aurora es una negrita inteligente, ni de que me divierten los negros, ni que los negros alegran el mundo”. La protagonista pone en evidencia que la discriminación no siempre se manifiesta mediante insultos o actos de violencia explícita, sino también a través de expresiones que aparentan elogios, pero que en realidad reproducen prejuicios raciales.

Otra figura femenina es Prebisteria protagonista del cuento “La fuerza aniquilada”. A diferencia de Aurora su conflicto gira entorno al sacrificio materno y a la explotación del trabajo migrante. Desde el inicio del cuento se presenta como una mujer que ha logrado cierto bienestar económico después de emigrar, pero esa prosperidad esconde un profundo desgaste físico y emocional. Cuando recuerda su trabajo expresa: “Hasta tres docenas de sábanas diarias… y cuando termino… pienso que voy a desplomarme”.

Portalatín desmonta la imagen idealizada del migrante exitoso. Prebisteria regresa cargada de regalos, dinero y reconocimiento social; sin embargo, el verdadero costo de ese progreso ha sido su cuerpo y su salud. “Y llegaron para verla los vecinos, los compadres, los amigos, etc. etc. La prebis fue la nota social de esas navidades. Ya Prebisteria no lavaba por paga, ya Prebisteria no planchaba por paga, ya Prebisteria no se acostaba por paga…”

El sufrimiento de Prebisteria se intensifica cuando descubre que su hija Calandria trabaja en un cabaret. “y las tantas cosas que le traje a mi Calandria y a sus hijos, y los de aquí se regustan diciéndome que baila en un cabaret de la capital. Cosas del dominio”. El esfuerzo realizado durante años pierde sentido ante una realidad que ella nunca imaginó. Sin embargo, la autora evita juzgar moralmente a cualquiera de las dos mujeres. Tanto la madre como la hija aparecen como víctimas de un sistema económico que limita sus oportunidades.

Después de años de trabajo Prebisteria fue devuelta a su país “Tres años después, gastada físicamente… víctima de una depresión nerviosa la devolvieron a su país. A ella que había gastado todas sus fuerzas en la manufactura de los americanos”. La fuerza que sostuvo a Prebisteria fue totalmente destruida. Este cuento no solo trata únicamente del agotamiento físico de la mujer, sino de la aniquilación de la esperanza construida sobre el sacrificio migratorio.

A lo largo de la obra, la voz narrativa de Aída se percibe como una conciencia crítica que observa, cuestiona y denuncia las problemáticas sociales desde la experiencia de sus personajes femeninos. En “El fuego es de todos”, esta mirada se materializa a través de figuras como Cristinita y Baldó, mujeres que, desde distintas circunstancias, representan la solidaridad, el sufrimiento y la exclusión dentro de una comunidad.

Cada vez que sonaba la campana anunciando un incendio Cristina abandonaba inmediatamente sus tareas domésticas para correr hacia el lugar del fuego. La narradora recuerda que incluso dejaba quemarse la comida por acudir en ayuda de los demás. “Cristina abandonaba los calderos sobre las brasas y saltaba a la calle para correr tras los otros”.

Cristinita simboliza la solidaridad espontánea de las mujeres dentro de la comunidad. Mientras los hombres suelen aparecer asociados a las estructuras del poder político o económico, son las mujeres quienes sostienen los vínculos afectivos y humanos que permiten la supervivencia colectiva. ¿No es precisamente esa capacidad de preocuparse por el dolor ajeno una forma silenciosa de resistencia?

También aparece la figura de Baldó, una mujer marcada por la enfermedad mental y el rechazo social. La comunidad la define desde la locura, pero Portalatín revela que detrás de esa condición existe una historia de abandono y sufrimiento. La narradora recuerda que Baldó incendia su casa para destruir la cárcel donde vivía encerrada y termina muriendo encadenada.

La autora obliga al lector a cuestionar la manera en que la sociedad trata a las mujeres consideradas diferentes. Baldó no es simplemente “la loca del pueblo”; es una mujer cuya humanidad ha sido negada hasta el punto de convertir el fuego en su único acto de libertad.

Al recorrer este libro nos damos cuenta que Aída Cartagena Portalatín nos confronta suavemente con temas profundos, como la injusticia, la historia, la libertad y el deber que tiene el arte de contar para interpretar la realidad. Nos recuerda que las mujeres, con su fuerza silenciosa, dan sentido a la historia y al mundo que conocemos.l


Esta página es una colaboración especial para este suplemento.

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