Cuando se busca aceptación a cualquier precio

Necesidad de aceptación
Necesidad de aceptación

La terapeuta Ana Simó explica cómo la necesidad de encajar puede llevar a muchas personas al endeudamiento, ansiedad y pérdida de identidad

¿Hasta dónde estamos dispuestos a llegar para sentirnos aceptados? El deseo de pertenecer es una necesidad humana, el conflicto surge cuando se intenta forzar la aceptación para encajar en grupos sociales.“El ser humano no nació para estar aislado. Por lo tanto, el ser humano siempre busca dónde pertenecer, y eso comienza a ocurrir desde la pre-adolescencia, cuando buscamos a nuestros iguales”, explica la terapeuta de pareja y de familia, Ana Simó.

La terapeuta de pareja y de familia, experta en duelo y directora del Centro Vida y Familia Ana Simó.
La terapeuta de pareja y de familia, experta en duelo y directora del Centro Vida y Familia Ana Simó.

Aclara que el problema no es el deseo de pertenecer en sí, sino el contexto en el que se intenta lograr. “Entonces, el sentido de pertenecer no está mal, pues el ser humano necesita desarrollar habilidades sociales y necesita estar, como sabemos, con sus iguales”.

¿Cuándo surge el conflicto?

Según la especialista, el conflicto surge cuando la persona intenta forzar su aceptación en espacios que no responden a sus valores o forma de vida.

“Querer pertenecer a clanes que no van con las mismas ideologías, creencias y pautas de vida social que yo, el momento en que se convierte en una necesidad, en una fuente de conflicto personal, es cuando yo no encajo”, manifiesta la especialista de Centro Vida y Familia.

Ese intento constante de encajar puede llevar a conductas que atentan contra la identidad personal.

“Entonces, cuando intento y busco y, muchas veces hago hasta cosas que van en detrimento de mis valores, esa presión me puede llevar muchas veces a deprimirme, sentirme rechazado, porque el rechazo viene y es natural que el rechazo venga”, dice.

Añade que: “El rechazo siempre va a ser un sentimiento atroz y un sentimiento que muchas veces nos conecta con las cosas malas que nosotros tenemos. Como que el rechazo nos recuerda nuestras debilidades, nuestras imperfecciones”.

Con el tiempo, esa experiencia puede afectar seriamente la autoestima. “Y el rechazo se puede convertir en una obsesión, se puede convertir en una depresión, en también impactar mucho mi seguridad como ser humano, como persona, ponerme a dudar y muchas veces enfocarme tanto en que me acepten, que olvide otras cosas que son más importantes en la vida”, subraya Simó.

Redes intensifican el problema

La doctora señala que las redes sociales han intensificado esta problemática. “Es lamentable cómo las redes sociales han impactado a los seres humanos con el tema de las apariencias. Cada día, pienso que se ha convertido en un mayor mal, el ver cómo las personas, si tú no tienes, es decir, si usted no tiene tales cosas, usted no va a ser aceptado”, comparte.

Advierte que hoy se aplaude más el tener que el ser. “Hoy no se aplauden los valores, hoy no se aplaude ni queremos replicar temas que tengan que ir con la ética del ser humano. Al contrario, hoy lo que se aplaude y lo que se quiere replicar y lo que se quiere clonar son las apariencias, las marcas, el poseer”, dice Simó.

Lo que lleva a endeudarse


En ese afán por mostrar una vida idealizada, muchas personas buscan validación externa. “Quienes replican esa abundancia y quienes replican lo que tienen y necesitan enseñarlo, muchas veces están buscando la aprobación para poder pertenecer y también la búsqueda de likes”, puntualiza la especialista, asegurando que en esas exigencias ha visto muchas personas endeudarse económicamente y que lo han perdido todo.

Otro factor que agrava esta situación son las comparaciones. “Las comparaciones nunca son buenas, nunca. Las comparaciones para nada han tenido un efecto positivo en el ser humano”, revela a elCaribe.

De acuerdo a Simó, todo esto se puede trabajar en consulta con un buen psicólogo clínico, partiendo de quién soy, partiendo de reconocerme. El objetivo es construir una vida con sentido desde el ser y no desde la apariencia. “Que no sea a través de la necesidad urgente de pertenecer ni la necesidad urgente de tener, sino más de hacer y ser”, concluye.

Cuando decir no genera culpa en las personas

La especialista también aborda la dificultad de poner límites. “Nos genera culpa el decir no, porque el “no” es un límite. Y al ser humano no se le enseña a ponerlos… Claro, tenemos miedo de ser juzgados, a no tener la aprobación y a ser rechazados y por eso sentimos culpa”, señala Simó. Hay personalidades que se dejan influenciar más que otras, por ejemplo, a la personalidad dependiente le afecta más. “Aveces no es tan solo la personalidad, sino también tu entorno y tu edad”, dice. “Pues no es lo mismo una persona recién comenzando la vida social, de 16, 18 años, que una persona de más de 50 años. Con eso no estoy diciendo que todo adulto no sea influenciado. Pero la madurez nos ayuda a entender qué es lo que necesitamos buscar”, puntualiza.

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