A costa de todo

Las protestas masivas en Francia y otros países de Europa, que derivaron en inaceptables actos de violencia, saqueos, y destrucción, deben encender las alertas no solo en ese continente, y no únicamente por lo que muchos han querido construir como narrativa, sino por la presencia de elementos tan o más preocupantes que la imperdonable violencia registrada, como la manipulación mediática para instrumentalizar el odio, el uso abusivo de las redes sociales, la falta voluntaria o involuntaria de verificación de las fuentes, que reproduce contenido creado con inteligencia artificial, el uso de los hechos para redituar beneficio político en víspera de las elecciones presidenciales francesas previstas para abril de 2027, y de otras de medio término por líderes extranjeros.

Algunos de una manera simplista quieren simplemente culpar de lo ocurrido a la migración, y en un país con un alto porcentaje de musulmanes y judíos, a las diferencias religiosas y culturales. Sin embargo, detrás de esta fractura social y de la entronización del espectáculo hasta para narrar las escenas más indignas de pillaje, como la exhibición por muchos jóvenes de objetos icónicos o de lujo en sus redes sociales, hay mucho más que “hordas salvajes”.

Las protestas estudiantiles llevaban semanas sucediendo en Francia en la antesala de la aprobación presupuestaria como suelen suceder, pero una serie de factores que empiezan a ser analizados potencializaron estos disturbios, dejaron de lado reivindicaciones sociales, y articularon toda una red tan oportunista como destructora que a través de TikTok y otras plataformas publicó e hizo tendencia mensajes de llamamiento al “regreso” de los “chalecos amarillos” sospechados de ser creados mediante inteligencia artificial sin necesariamente guardar relación con dicho movimiento. Por eso expertos en redes han recomendado una investigación profunda para entender cómo su utilización incidió en que un movimiento de protesta legítima estudiantil a la que se sumaron otras por el costo de la vida, lograra tal amplitud, y peor aún, cómo estas incidieron para hacer que se viera masivamente infiltrada y desplazada por el movimiento del bloque negro “black bloc” y la presencia de los “casseurs”, que atacan símbolos del capitalismo o del Estado, como bancos, multinacionales, tiendas de lujo, alcaldías, y van a romper, pero no a robar; y por los que se alega planearon una operación de “saqueo masivo”, como evidencian mensajes difundidos y reproducidos viralmente días antes de la protesta, de que el 17 de octubre originaría “nuevos millonarios” mientras la policía estuviera dedicada a contener los disturbios.

El Gobierno francés ha expresado que el grueso de los que protestaron en las calles de Francia no eran manifestantes de los liceos, de sindicatos o el chaleco amarillo típico, sino de grupos de ultraizquierda o jóvenes delincuentes de barrios populares de la periferia “banlieu” que oportunistamente se sumaron. Y el ministro del Interior francés dijo: “Las redes se han convertido en un problema real” y reconoció que se han planteado suspenderlas para impedir que los saqueadores se organicen para la protesta convocada para el próximo sábado.

Trump aseguró en sus redes que Francia está siendo “conquistada, saqueada y reducida a cenizas por migrantes, yihadistas y comunistas”, mientras que Netanyahu estimó que el país europeo es un refugio del “islamismo extremista”; ejemplos de una narrativa de culpar a la inmigración y al islamismo utilizada convenientemente como discurso político ante las próximas elecciones legislativas que ambos enfrentarán en unos días o semanas. Por eso el presidente francés, Emmanuel Macron consideró que hubo “una manipulación extranjera de la información” tras los disturbios, que “dio lugar a comentarios tan inaceptables como estúpidos por parte de muchos, incluidos dirigentes extranjeros” “que están en campaña, que a veces, con credulidad, repiten lo que aparece en la inteligencia artificial” (…) “, lamentando que “hacen campaña a costa” de Francia.

Mientras muchos de los virtuales candidatos presidenciales en Francia se frotan las manos e intentan sacar beneficio de estos disturbios, desde la extrema derecha con Marine Le Pen, hasta la extrema izquierda insumisa de Jean-Luc Mélenchon, lo que deberían hacer es reflexionar no solo sobre las posibles causas de las protestas legítimas, tratar de extraer lecciones y buscar remedios, y analizar cómo el fervor de las redes, el gusto desmedido por el espectáculo, el uso malsano de contenidos y de la inteligencia artificial, y los propósitos egocéntricos y perturbadores de muchos erráticos líderes, pueden contribuir a destruir no solo importantes bienes materiales, sino los invaluables principios que sustentan al sistema democrático y a la convivencia pacífica de la humanidad.

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