Luis Córdova
Especial para elCaribe
En los campos dominicanos —como en los de México o Colombia— la herencia de los antiguos se manifestaba en granos de sal puestos a la intemperie al amanecer de los primeros días del año. Ellos ofrecían un aproximado de qué tan lluvioso sería cada mes para así planificar siembra y cosecha.
Con esa misma suerte arrancamos este 2026, viendo cómo los primeros días desempolvan viejas pasiones con la detención del mandatario venezolano y la consecuente ola de especulaciones y vaticinios. Además de dividirnos en discusiones verdaderamente estériles, un oficio en el que nos esmeramos en perder el tiempo, llegamos a un periodo de necesario reacomodo.
El año pasado, lo advertimos en esas cabañuelas, era uno para la reinvención y la creatividad. El tedio dejado por la campaña electoral y el marasmo de un gobierno que parecía más viejo, reclamaba que nuestros políticos (para que se les hiciera caso), debían constituirse en algo más que un titular negativo, criticas altisonantes o descalificaciones.
El balance huelga hacerlo. Los nombres que ni la mejor memoria puede rescatar, proyectos políticos tan “fugaces como estrellas de Bagdad” (vale el verso sabinero), los habitantes de un Olimpo quebrado, de dioses enanos víctimas de su repentino éxito.
La mudanza de partido fue celebrada, en algunos casos con justa razón. La desilusión también se justifica cuando un partido deja de lado al talento, cuando un gobierno obvia integrar a quien pueda hacer mejor las cosas, cuando la oposición despierta emociones o simplemente seduce algún liderazgo, amén de las posibilidades reales de llegar (o volver) al poder. También están los camaleones que cambian de color en cada temporada, pero en esos prefiero no gastar tinta.
El 2026 está llamado a reacomodar las fuerzas opositoras. Los recién llegados a los partidos que adversan al gobierno, algunos con las plazas locales ocupadas como presidencias, secretarias y demás, requieren un membrete para incidir en su localidad. No importa si antes fue enemigo cruel, ahora es un compañero y se le debe hacer espacio. Algunos respirarán hondo pero la teoría del comedor de tiburones parece dar resultados.
Debe acomodarse el partido de gobierno, el PRM tuvo golpes muy duros a la marca. Sería tonto pensar que el silencio vence el tiempo. En política el pasado cobra peaje y a veces en momentos estelares. Los señalamientos y cuestionamientos, requieren acciones más concretas que un dramatizado discurso del presidente de esa organización en redes sociales.
Debe reacomodarse el gobierno. No por la salida (inminente) de funcionarios, sino por el tipo de gabinete que ha tenido. Replantearse el modelo de dirección y comunicación, observar la ineficaz supervisión, la humanización del liderazgo y la urgente vinculación de los logros presidenciales con la gente. Sí, no es solo rezar las obras, hay que articularlas para ver el milagro.
Es un año, este que inicia, de alta incidencia y desafío por los procesos internos para elegir autoridades, premiar lealtades con cargos en organismos partidarios, validar liderazgos y en algunos casos crearlos, imponerlos.
Arrancamos. Las cabañuelas advierten temporadas de mucha actividad meteorológica en los predios partidarios en un país que ama los huracanes políticos y aprendió temprano a leer la lluvia en las nubes que rápido pasan, como los días, en esta isla de Dios.
