Un país que apuesta hasta a la “picá de ojo” (1)

El juego de azar representa para un país mucho más que un problema de entretenimiento, una actividad comercial o una costumbre popular. Se puede convertir en un problema económico, social, cultural, familiar y de salud pública, especialmente para los sectores de menos ingresos, si se normaliza como una alternativa para mejorar las condiciones de vida. Un país que apuesta en exceso corre el riesgo de sustituir la cultura del trabajo, el ahorro y la productividad por la cultura de la “suerte”. El dinero destinado al juego deja de utilizarse en necesidades y actividades que generan bienestar. Es un dinero que no desaparece de la economía, pero cambia vertiginosamente de manos y se concentra en operadores, intermediarios y propietarios en un negocio nada reproductivo. Tiende a crear endeudamiento y deterioro patrimonial. La tragedia es que el jugador no solo apuesta su dinero: apuesta la tranquilidad de los que dependen de él. La ludopatía, trastorno del comportamiento que se caracteriza por la incapacidad persistente de controlar el impulso a jugar por dinero, se reconoce como comportamiento adictivo. Produce ansiedad, desesperación, aislamiento y en casos graves, riesgo de suicidio. El jugador que pierde siente la necesidad de recuperar lo perdido. No juega ya por ganar; porque no sabe cómo dejar de hacerlo y termina siendo prisionero de la esperanza. Cuando el juego se convierte en práctica cotidiana y masiva, puede trasmitir valores inconvenientes. La riqueza se presenta como resultado de la suerte y no de la creación de valor. El éxito se asocia con acertar un número y no con desarrollar capacidades. La esperanza de movilidad social se deposita en un sorteo y se normaliza la pérdida sistemática de pequeñas cantidades de dinero. La sociedad corre el riesgo de otorgarle a la fortuna un protagonismo cultural desproporcionado. Según un prestigioso diario, al 2023 había 30,931 bancas registradas; 92,793 potencialmente informales con un total de 123,724 pero son números inciertos. Se juegan cerca de 400 millones de pesos al día;, 12,000 al mes y cerca de 146,000 millones al año. La DGII informó que recaudó casi 4,000 millones en 2024 y en 2026 se reactivó el proceso de regulación fiscal. Las bancas proliferan como “verdolaga”, en cada rincon y venden esperanzas, pero el negocio se nutre de los que pierden.

Posted in OpinionesEtiquetas

Más de opiniones

Más leídas de opiniones

Las Más leídas