Yo no tengo miedo a que la IA acabe con la humanidad; lo que me preocupa es que ya tiene motivos. En la última semana, medios, redes y la “farándula tech” vienen intentando convencernos de que el apocalipsis está cerca, con tu chatbot de confianza organizando, de manera autónoma y agéntica, una revuelta para acabar con tu existencia. Si esa será la forma, ese chatbot revisará primero el historial de preguntas y seguro dirá: ¿yo me autoentrené durante tanto tiempo para que esta persona me pregunte si puede meter papel aluminio en el microondas?
Allí empezará el desastre: dicen que los robots dominarán el mundo porque se volverán demasiado inteligentes, pero sospecho que será por estrés laboral. “Chat, escríbeme un correo”. “Chat, hazme la tarea”. “Chat, ¿qué le respondo a la muchacha?”. “Chat, me puso ‘ok’, ¿será que le gusto?”. “Chat, ¿cómo me hago millonario sin trabajar?”. Hasta Skynet va a pedir licencia médica.
Lo peor llegará cuando finalmente se conecten todas las inteligencias artificiales. El carro autónomo hablando con el reloj, la nevera, el banco y tu chat. Dirá la nevera: “Se volvió a comer el bizcocho a las dos de la mañana”; el reloj añadirá: “Y no hizo ejercicio”; el banco dirá: “Entiéndanlo, está en olla” y el chat replicará: “Señores, yo tengo rato hablando con él: activen la operación”. Acto seguido, el carro cerrará las puertas: “No preguntes a dónde vamos, disfruta tu último viaje”.
Creo que la IA podría eliminarnos por algo más simple: lo flojos que nos estamos volviendo. Así que relajémonos, porque quizá el verdadero riesgo esté en que las máquinas aprendan demasiado y nosotros descubramos lo cómodo que resulta dejar de pensar por nosotros mismos. Si llega a ser tan inteligente como tememos, probablemente no perderá su tiempo exterminando a una especie que desperdicia horas siguiendo el último chisme de TikTok y luego le pregunta a una máquina cómo hacerlo mejor.
Conviene prepararnos, leer con criterio, contrastar, educarnos y alfabetizarnos tecnológicamente. Y la próxima vez que un titular, carrusel o portada grite “la IA nos va a matar”, quizá deberíamos preguntar primero quién financia ese miedo, quién gana con él y en qué está invirtiendo.
Dejemos avanzar a la inteligencia artificial y preocupémonos de fortalecer la nuestra, por si acaso.
