Jimmy Rosario Bernard
Dector del Instituto Tecnológico de las Américas (ITLA)
La inteligencia artificial ya no es algo del futuro; está cambiando cómo aprendemos, trabajamos, creamos negocios y resolvemos problemas. La cuestión principal no es quién tendrá acceso a esta tecnología, sino quién sabrá usarla para mejorar su vida y contribuir al desarrollo del país.
Por eso, RD Inteligente, una iniciativa del Gobierno dominicano a cargo del Instituto Tecnológico de Las Américas (ITLA), debe verse como una política pública para la inclusión, la productividad y la movilidad social. No se trata solo de ofrecer cursos. Capacitar a un millón de dominicanos y considerar la inteligencia artificial como un derecho refleja una visión de Estado: poner el conocimiento y las oportunidades al alcance de todos, sin importar dónde vivan, su edad, su trabajo o su experiencia previa con la tecnología.
Democratizar la inteligencia artificial significa llevar estas capacidades y el apoyo necesario a cada región, asegurando que mujeres, jóvenes, adultos mayores y personas con discapacidad participen en igualdad de condiciones. El objetivo no es convertir a todos en programadores. Se busca que un maestro pueda enseñar mejor, que un médico aproveche nuevas herramientas, que una pequeña empresa gestione y venda de manera más eficiente, y que un joven o emprendedor encuentre oportunidades en la economía digital.
Esa es la diferencia entre simplemente dar tecnología y desarrollar habilidades. El programa de formación, que va desde la alfabetización básica hasta la aplicación profesional y la especialización en áreas como inteligencia artificial, datos, ciberseguridad y desarrollo de software, ofrece diferentes puntos de entrada y oportunidades de crecimiento. Que sea gratuito, cuente con apoyo docente y se pueda acceder desde teléfonos, computadoras o centros tecnológicos ayuda a evitar que la formación en línea se convierta en una nueva barrera. Lo mismo sucede al llegar a comunidades sin conexión a internet a través de la solución tecnológica con SpaceX AI y al incluir a personas con discapacidad.
El impacto va más allá de las personas. Las pequeñas y medianas empresas con habilidades digitales pueden aumentar su productividad, innovar y crear mejores empleos. Las instituciones públicas pueden usar la inteligencia artificial para agilizar trámites, mejorar servicios y acercarse más a los ciudadanos. Por eso es importante coordinar esfuerzos entre el Gobierno, la academia y la industria, con el apoyo de la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial, el Centro de Excelencia en Inteligencia Artificial y aliados como Microsoft, Cisco, Amazon y Google. También debemos entender que la formación no termina al registrarse o al obtener un certificado.
Requiere seguimiento, actualización y conexiones con empresas y proyectos productivos, para que lo aprendido se traduzca en mejores decisiones, mayores ingresos y servicios de calidad. Ese debería ser el criterio para medir el éxito. El reto será transformar las inscripciones en un aprendizaje completo y los certificados en oportunidades reales. Para lograrlo, RD Inteligente deberá medir los resultados, mantener la calidad, acompañar los procesos de los participantes y vincular la formación con empleos, emprendimientos y soluciones para el país.
Capacitar a un millón de dominicanos en inteligencia artificial no es solo una meta numérica. Es una apuesta por ampliar la ciudadanía digital, fortalecer la economía y reducir brechas históricas. La mayor riqueza de la República Dominicana es su gente. Si el talento está en todas partes, las oportunidades también deberían estarlo.
