Expertos en geopolítica coinciden en que con Trump, por sus frecuentes cambios de parecer, EE.UU. pierde hegemonía y ha pasado a ser un socio poco confiable. Pero internamente también se sufren sus humores.
Una víctima fue la encargada de Estadísticas Laborales porque al mandamás no gustaron las cifras del empleo de julio. También perdió su puesto la fiscal federal Maurene Comey, que sabe mucho del caso Esptein. A Tulsi Gabbard, la directora Nacional de Inteligencia, le enmendó la plana por informar que no había constancia de que Irán estaba construyendo la bomba nuclear.
La guerra abierta con Jerome Powell, de la FED, porque no baja los tipos, alcanza picos risibles. Veremos hasta dónde llega su disgusto con Putin, porque a nivel “atómico” no se permiten los caprichos.
