“En tiempos de guerra lo primero que muere es la verdad”, dice un viejo adagio. Hoy, entre Irán, EE. UU. e Israel, circulan misiles… y narrativas. El discurso intenta reducir el conflicto al más extremo simplismo: buenos o malos, victoria o rendición. En la guerra, las sociedades se simplifican, pero cuando aparecen las consecuencias, desaparece la capacidad de entender el verdadero impacto del conflicto. La pregunta no sólo es qué pasa en Oriente Medio, sino si estamos entendiendo todas las capas del poder o solo reaccionamos a la superficie. Mientras los misiles continúan explotando, también se dispara la desinformación, y más que el relato de los buenos contra los malos, nos preocupa la posibilidad de que la guerra se extienda y nos alcancen las bombas o sus consecuencias.
