El final de espanto y brinco en las elecciones del Perú hace recordar escenarios similares en República Dominicana, que a la postre, sin importar lo estrecho del margen, se proclamaba a un ganador y la sangre no llegaba al río. ¡Qué elecciones aquellas!, y es bueno rememorarlo porque se puede decir con toda propiedad que hemos tanto avanzado que el montaje de cada elección supera el anterior, con una ciudadanía que, sin mancar, exhibe un comportamiento ejemplar, aunque pervive uno que otro político amigo de trapisondas. Un ejemplo revelador del progreso en materia electoral, es que todavía para 1994 existía la Voz de la JCE, con una audiencia cautiva porque se obligaba a los medios a entrar en cadena y suspender su programación. ¿Se atrevería alguien a proponer ahora algo semejante?
