Uno siempre vuelve distinto al lugar donde comenzó a mirar el mundo. Esta vez regresé por la poesía. CayoLetras al Mar reunió poetas, lectores, amigos y gente que todavía cree que una palabra puede reunir a desconocidos alrededor de un libro.
Jean Elías García y el comité de CayoLetras al Mar hicieron posible el encuentro. Lo hicieron desde la voluntad, desde el esfuerzo y desde ese compromiso cultural que muchas veces existe lejos de los escritorios oficiales. El festival se celebró en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, en Barahona. Allí escuchamos poemas. Hablamos de libros. Nos encontramos. Eso también hace falta en una provincia.
Porque una ciudad no solamente necesita calles, aceras, mercados y recogida de basura. Necesita espacios para pensar. Necesita lugares donde un joven pueda descubrir un poema y donde un poeta comprenda que todavía existe alguien dispuesto a escucharlo.
Hubo algo, sin embargo, que no llegó: El Estado. Sus instituciones culturales estuvieron ausentes.
Nadie pide que el Gobierno escriba poemas. Tampoco que decida cuáles versos debemos leer. Se pide algo más sencillo: que apoye a quienes trabajan por la cultura en las provincias. Barahona continúa esperando muchas cosas.
A pesar del descuido de sus autoridades municipales, conserva una belleza natural capaz de detener los ojos del visitante. Caminé por el malecón y encontré al pueblo disfrutando la tarde. Encontré también el hotel Palma, limpio, cuidado, agradable, frente a la mar y frente a esa vida cotidiana que Barahona todavía conserva.
Entonces pensé en mi pequeña patria. Pensé en cuánto podría ser y en cuánto hemos dejado pendiente.
Un festival como CayoLetras al Mar demuestra que no todo tiene que comenzar en Santo Domingo. La cultura también ocurre lejos de la capital. Hay escritores, lectores, profesores, estudiantes y ciudadanos que esperan oportunidades para encontrarse. Felicito a Jean Elías García y a todo el comité. Ellos hicieron su parte. Ahora corresponde que las instituciones hagan la suya. Porque Barahona no pide privilegios. Pide atención. Pide cultura. Pide cuidado.
Yo regresé de CayoLetras al Mar con esa certeza sencilla: mientras alguien abra un libro en mi pueblo, mi pequeña patria seguirá teniendo futuro.
Demuéstrame que estoy equivocado.
