Llevamos dos semanas en las que la inteligencia artificial no deja de generar titulares. Las principales empresas tecnológicas han tenido que responder a nuevos incidentes de seguridad, sus propios investigadores han advertido de los riesgos de desarrollar modelos cada vez más avanzados y los gobiernos han comenzado a discutir cómo evitar que esta tecnología se les escape de las manos.
Y, en medio de todo esto, Donald Trump ha decidido que lo que necesitaba la IA era… un cambio de nombre.
Todo empezó a mediados de septiembre, cuando el presidente estadounidense publicó una encuesta en sus redes sociales para buscar una alternativa a artificial intelligence. Propuso llamarla inteligencia superior, extrema o suprema. Apenas tres días después, anunció ante la Asamblea General de Naciones Unidas que Estados Unidos pasaría a utilizar oficialmente el término superinteligencia.
Su argumento es que la palabra “artificial” hace que la tecnología parezca falsa y que “super” refleja mucho mejor sus capacidades. Y lo que parecía una cuestión de palabras ha terminado convirtiéndose en política de Estado, como ya es habitual en EE.UU.
Primero, los diplomáticos estadounidenses recibieron instrucciones para utilizar la nueva denominación. Después, Trump consiguió que China aceptara emplearla en un nuevo canal bilateral de diálogo sobre esta tecnología.
Finalmente firmó una orden ejecutiva que obliga a las agencias federales a sustituir IA por SI en sus comunicaciones oficiales. La Casa Blanca también tendrá que trabajar en una definición formal del nuevo concepto.
Y no fue lo único que ocurrió: Trump reunió a los responsables de Google, OpenAI, Anthropic, Meta, Nvidia y xAI para firmar un acuerdo voluntario de seguridad. Las empresas se comprometen a reforzar los controles sobre sus modelos, pero el pacto no establece sanciones si incumplen lo acordado.
Pero hay un pequeño problema con el nuevo nombre: la superinteligencia ya significaba otra cosa. En el ámbito tecnológico se utiliza para describir una hipotética inteligencia artificial capaz de superar ampliamente las capacidades humanas. Y todavía no hemos llegado ahí.
Así que, de momento, Estados Unidos tiene una nueva denominación oficial para una tecnología que el resto del mundo sigue llamando inteligencia artificial. La palabra ha cambiado, pero la tecnología, sus capacidades y las interrogantes que plantea siguen siendo los mismos.
