La obra de Emilia Pereyra Cuando gemía la patria, presentada recientemente en la biblioteca Pedro Henríquez Ureña, es una novela escrita con un exquisito dominio del lenguaje y con una caracterización de personajes y de época que nos regresa al pasado.
Cumple a cabalidad con los cánones de la novela histórica, que se diferencia de la historia novelada en que no se trata de una mera enumeración de hechos, sino de una reconstrucción de un proceso histórico que le ha costado a este pueblo tanta sangre, tantas esperanzas truncadas, tantas luchas y desolación.
El Duarte que aparece en estas páginas, lejos de la estampa acartonada de los libros de texto, es un joven carne y hueso, con sus dudas y sus contradicciones, con sus sueños que trascienden los intereses individuales y se centran en un objetivo superior, que es la libración de su patria.
He recorrido con deleite cada uno de sus capítulos y, pese a que no soy dominicano de nacimiento, asistí emocionado a la página 137, cuando en la sala de la casa situada en la calle del Arquillo los jóvenes reunidos pronuncian el juramento trinitario, una escena narrada con tanta maestría que me sentí transportado a ese solemne momento de la historia de este país.
Emilia Pereyra traza una historia protagonizada por un hombre que trasciende la figura del prócer retratado en los libros para quedarse en la memoria del lector, para hablar desde el pasado con un lenguaje llano y completamente diferente al de los discursos altisonantes que se pintan en cada aniversario de su natalicio o de su fallecimiento.
No es una historia con final feliz, no puede serlo porque la historia de un país como la República Dominicana no tiene un final, sino que está en constante construcción y transformación, pero también porque la trayectoria de los grandes hombres, simples de espíritu y limpios de corazón, vacíos de ambiciones personales y comprometidos con la libertad, generalmente caen víctimas de las traiciones y de los intereses espurios, siempre disfrazados de buenas intenciones para esconder la codicia y el individualismo.
El Duarte que Emilia Pereyra nos entrega en su libro es un hombre que luchó por la libertad de una patria que aún pelea contra sus frustraciones, una patria que todavía gime.
