Drama de la educación ajena que pone a pensar

Circula en el internet, el drama de una profesora puertorriqueña, que llorando, hace una transmisión en vivo sobre la dura situación del sistema educativo básico de aquel país. Con lágrimas, que apenas le permite hablar, comparte su dolorosa experiencia con alumnos sin compromiso para aprender y reflejo de padres a los que poco les importa lo que suceda con sus hijos, en el ámbito de la educación formal. Reflejo de lo que sucede en la sociedad toda, la educación oficial señala la ruta del alumno de hoy como ciudadano del futuro. Proyecto sobre nuestro país, este real drama y preocupa cual será el resultado del dominicano del futuro, producto del preocupante deterioro sostenido del sistema oficial de educación. Los que tuvimos el privilegio de hacer el bachillerato en la dictadura, con dolor admitimos su superioridad frente al propio sistema público de esa nación de entonces y nada que decir del drama del bachillerato criollo de hoy. La educación pública dominicana, al evaluarse, muestra niveles inaceptables de contenido, de calidad y peor aún, de aprovechamiento. El síndrome de la UASD, que consiste en bajar los niveles mínimos de aceptación, ridículos, absurdos para pensar que un profesional puede saber el 70% de lo requerido. Importan las cifras y no la calidad. Hemos hecho la cultura de la mediocridad, nuestro pan de vida como sociedad y dividido en dos la educación: los privilegiados de la educación de calidad de muchos colegios, contrastando con una educación oficial, rica en recursos y de dudosa calidad. Baste saber que una criatura puede llegar al 4to curso de primaria sin saber leer ni escribir,, porque el sistema prohíbe que “repitan”. Las enormes lagunas, en todas las asignaturas, hacen a analfabetas funcionales coleccionistas de diplomas inútiles. La pandemia ha acentuado las enormes diferencias entre los dos tipos de educación que dramatizando, nos hace pensar en quienes dirigirán esta nación en 20 años. Eso dice la maestra puertorriqueña y exista la imaginación para entender qué clase de país tendremos. Lo de la educación es mucho más dramático de lo que pensamos y más cuando divide peligrosamente la sociedad en clases “del conocimiento”. Ahora pretendemos eliminar logros del pasado en función de la preparación de maestros capaces, para aplicar el síndrome fatal, de reducir requisitos y “aumentar” el número de dedicados a la enseñanza, pero jamás el de maestros. Maestro es mucho más que simple transmisor de conocimientos. Es formador de vidas, de actitudes, de futuros. El que descubre habilidades naturales en el alumno y las explota. La sociedad, toda, ha fallado creando esquemas repetibles de éxitos, fuera de pelotero, “berreador” de música urbana plebe, vendedor de ilícitos, de “éxitos“ a la carrera y sin esfuerzos o políticos folklóricos para ser nombrados en cargos que les quedan grandes, pero con “méritos” de haberse fajado en la campaña.

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