Diplomacia en declive (febrero 1972 y 2026)

El 28 de febrero de 2026 comenzaron los ataques contra Irán, día lúgubre para la diplomacia porque en la víspera se había logrado en Omán un acuerdo aparentemente satisfactorio entre EE.UU e Irán, y el ministro de Exteriores omaní, Badr al Busaidi, viajaba a Washington a informar la buena nueva.

Coincidencias en el enigmático mundo de la diplomacia, precisamente un 28 de febrero, pero de 1972, EE.UU. dio un salto gigante con la visita de Richard Nixon a China para normalizar relaciones tras 23 años de fricciones, y se publicaba el Comunicado de Shanghái.

Se atribuye a Henry Kissinger, asesor de Seguridad Nacional de Nixon, y al experimentado Marshall Green, subsecretario de Estado para Asuntos de Asia Oriental y el Pacífico, ser piezas fundamentales en la elaboración del comunicado, en el que EE.UU. reivindicó principios que, visto cómo actualmente conduce su política exterior, son para añorar.

Dice la parte estadounidense en aquel comunicado: “La reducción de tensiones se logra mejorando la comunicación entre países con ideologías diferentes, a fin de disminuir los riesgos de confrontación por accidente, error de cálculo o malentendido”. También: “Ningún país debe pretender ser infalible y cada uno debe estar dispuesto a reevaluar sus propias actitudes por el bien común”.

Ahora asistimos a una diplomacia de redes sociales, y en esto no nos referimos solo a Estados Unidos y a la guerra del golfo Pérsico, porque la tónica en otros conflictos es igual: negociadores poco experimentados, con conexiones políticas y económicas, sin autoridad real y con tendencia al ultimátum.

No pretendemos ignorar que los ejemplos de febrero 1972 y 2026 expresan tiempos diferentes, pero evidencian la torpeza de hoy: posiciones rígidas, aislacionistas, sin objetivos claros, inclusive en el terreno militar, y pérdida de credibilidad.

Esta comparación parecería anecdótica, pero resulta pertinente ante el descalabro del Estado de derecho, que nos conduce directamente al desmantelamiento del orden internacional.

Reivindicar ese derecho y exigir la vigencia de la Carta de Naciones Unidas, es una obligación de los que se resisten a consentir que la fuerza y la guerra sustituyan a la diplomacia, a la mediación y a mantener la paz.

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