La lengua materna

La idea de celebrar el Día Internacional de la Lengua Materna fue una iniciativa de Bangladesh, aprobada finalmente en la Conferencia General de la Unesco de 1999 y que se conmemora en todo el mundo desde el año 2000 el 21 de febrero de cada año.

La importancia de conservar y promover la lengua materna, sobre todo en las comunidades migrantes, tiene que ver con la diversidad cultural, que en estos tiempos globalizados tiende a desdibujarse, un fenómeno que vemos, por ejemplo, en un enorme número de personas que adoptan el idioma del país en que viven, lo cual no está mal y es absolutamente necesario, pero olvidan el idioma de sus ascendientes o incluso reniegan de él.

Mientras la diversidad lingüística se encuentra cada vez más amenazada por la transculturación, esa pérdida de la lengua materna implica también la desaparición de ricas tradiciones ancestrales, estilos de cocina, ritmos musicales autóctonos que se olvidan o se dejan de lado, es una identidad que se desvirtúa para perderse totalmente.

En promedio, cada dos semanas una lengua nativa desaparece, lo que implica la desaparición de todo un acervo cultural, tradiciones y leyendas, mientras en la actualidad el 40 % de la población mundial carece de acceso a una educación en un idioma que hable o entienda.

La imposición idiomática no es un fenómeno nuevo, en toda América Latina durante el siglo pasado los programas educativos exigían el castellano como lenguaje obligatorio, y en el caso de la Argentina, por citar un solo ejemplo, se exigía a los escolares del Nordeste que no hablaran guaraní, y a los niños del norte se los castigaba si se expresaban en quechua.

Cabe rescatar que siempre hay reacciones saludables de académicos que suman su esfuerzo por conservar el idioma original de los pueblos, gente que toma conciencia que perder la lengua materna equivale a perder un universo de conocimientos y valores irreemplazables.

Desde este medio apoyamos la celebración del Día de la Lengua Materna como una forma de conservar la diversidad de culturas, el rostro ancestral que distingue a cada civilización y que sirve para que los seres humanos aprendan a aceptarse verdaderamente más humanos.

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