Foto: Danny Polanco
Foto: Danny Polanco

De la comparecencia de ayer del presidente de la República ante el Congreso Nacional para rendir cuentas de la administración presupuestaria, financiera y de gestión del año anterior, como lo ordena el artículo 114 de la Constitución, se puede decir que se ciñó estrictamente a ese mandato, que también lo obliga a explicar las proyecciones económicas, fiscales y sociales que el Gobierno prevé ejecutar.

Fue una pieza sin estridencias y con poco tinte político-partidista, como se vaticinaba desde el litoral opositor.

Incluso, se puede decir que contrarió las expectativas de los que adelantaron que por estar en año preelectoral Luis Abinader daría señales sobre su futuro político personal.

Estuvo tan circunscrito a rendir cuentas, que hasta pudo haber decepcionado a sus propios conmilitones y a los que desde las inmediaciones del edificio del Congreso vociferaban el reclamo de “cuatro años más”.

El mandatario discurrió durante más de dos horas y media por las políticas públicas en curso y las que promete implementar.

Y en un dejo nada común en este tipo de intervenciones, reivindicó la continuidad del Estado, criterio esencial para el desarrollo de las naciones, al enumerar obras comenzadas en la pasada gestión de gobierno pero que las está terminando, para dar a entender así que no debe haber preocupación por quién inició las obras si están pensadas para mejorar el bienestar y la vida de los ciudadanos.

Entre los problemas que pueden considerarse acuciantes para la población (comida, precios, salarios, seguridad…) detalló las ejecutorias en curso con llamados a que se comprendan las limitaciones reales que afronta su gobierno, incluido un entorno internacional adverso que le ha acompañado desde agosto de 2020.

No podía finalizar su pieza oratoria en tono más alto que con la propuesta de un gran acuerdo nacional, un pacto de país, frente al problema haitiano, sobre la premisa de que en todo lo relacionado con Haití y su crisis, la República Dominicana debe tener una posición unificada o del más amplio consenso.

La rendición de cuentas de Abinader pudo haber decepcionado a los que apostaban por una pieza confrontativa y descalificadora o que fuera más allá de lo que el escenario le demandaba; pero es muy probable que haya dejado complacidos, muy a gusto, a los que esperaban que compareciera el presidente de la República, que es como decir de todos los dominicanos.

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